Reflexiones sobre la pareja

Parece ser, según sesudos estudios, que el enamoramiento adulto es el fruto de tres tendencias biológicas:
Cuidar y sentirse cuidados
Proteger y ser protegidos
Y vincularse sexualmente.
Es posible que esto explique algunas de las conductas observadas cuando decimos estar enamorados pero creo sinceramente que resulta pobre y escaso a la hora de definir las emociones y los sentimientos que provoca el hecho absolutamente extraordinario de la vivencia del amor: la pasión, la obsesión, la necesidad constante del otro, la alegría, el desbordamiento, la unión, la complementariedad, la fantasía, lo eterno……. La lista seria interminable.
Y es posible que esto ocurra motivado por esas tendencias biológicas, pero no sabemos qué es lo que nos lleva a enamorarnos de una persona y no de otra, porqué nos ocurre en determinados momentos y porqué tiene una duración determinada y por supuesto qué deseos y necesidades hacen que entremos en ese estado de enajenación mental y porqué unas personas están mas predispuestas que otras a que les ocurra ese trance.
Suelen aparecer los primeros problemas cuando el deseo/necesidad se manifiesta con suficiente virulencia como para impedir una percepción mas global de la otra persona, como para minimizar las diferencias y negar las incompatibilidades obvias. Es decir cuando el modelo fantástico e ideal que hemos construido del otro para poder dar rienda suelta a nuestras necesidades amatorias tiene poco que ver con la realidad cotidiana de ese otro que poco a poco tiende a aparecer y mostrarse con toda su crudeza, echando por tierra aquel modelo construido en exclusiva para intentar satisfacer nuestras necesidades desnudas. Las aspas de los molinos nos golpean inmisericordes haciéndonos contactar con nuestra tierra/realidad sin miramiento alguno.
Son muchas las hipótesis que me ayudarían a explicar la búsqueda intensa de pareja. Desde motivos biológicos a los que aludí al principio y parecen ser comunes a toda la especie, hasta motivaciones narcisistas pasando por miedos a la soledad o a la necesidad de encontrar la felicidad en el hecho de compartir, de dar y recibir, de querer y ser querido, de construir juntos…. En fin supongo que todas son validas y ninguna única.
La experiencia de pareja vivida durante largo tiempo, los años de análisis personal y las propias reflexiones han ayudado y ayudan a J. (paciente con soltura terapeutica)a comprenderse como miembro de una pareja. Así, no le ha costado llegar a algunas conclusiones en las que puede percibirse fácilmente como una persona apasionada, amorosa, tierna, comprensiva, ilusionante, seductora en los primeros momentos del encuentro, en los que las motivaciones narcisistas se hacen presentes y muestran todo su repertorio de elementos epatantes que hacen difícil el fracaso de la aceptación por parte de la otra persona. En esta fase hay poca escucha y mucho deslumbramiento. Se necesita no solo ser aceptado sino también valorado y ensalzado. Apenas se da tiempo para escuchar y conocer al otro, se necesita tener la seguridad de la aceptación y valoración. Una vez obtenidas se puede permitir la escucha algo mas atenta.
Cuando esto ocurre, la realidad que aun no había asomado hace su aparición y empieza a desmontar la creación fantástica que se había ido construyendo. Es una realidad que también tiene demandas, deseos y necesidades y los hace patentes. Y por supuesto, es una realidad que aunque menos explicita también construye modelos ideales que den respuesta a esas demandas y deseos.
Y lógicamente ahí comienzan los choques y las manifestaciones de divergencias.
En el modelo que J. construye prevalece la figura sexualmente activa, amorosa y tierna, tolerante, respetuosa, curiosa intelectualmente, formada y culta, con sentido del humor, que manifiesta gusto por el deporte, por los viajes, por la lectura, la música, por el cine, el teatro, profesional, independiente económicamente y con relaciones maduras con su familia de origen, capaz de hacer y estar sola…… podría seguir enumerando pero ya hace tiempo que se ha dado cuenta de su inexistencia. Y aun así, en lo más profundo de sí, está convencido de que puede encontrarla. Por eso continua suficientemente indemne a los “zarpazos” del enamoramiento.
Por otro lado la experiencia y la madurez le ha enseñado a prescindir de aquellos rasgos menos relevantes en su modelo para evitar episodios de frustración amenazantes. Encontrar el equilibrio entre aquello que está dispuesto a renunciar y entre lo que le resulta imprescindible para poder aceptarse a él mismo como elemento de la pareja es algo dificultoso y absolutamente fundamental en el deambular de la aventura de convivencia con el otro.
Y a la inversa se produce la misma situación. Si para que la pareja funcione según el esquema del otro, según el modelo que ha ido fraguando, tenemos que prescindir de elementos de nosotros mismos, de nuestro entramado psíquico de creencias y valores considerados básicos y fundamentales, tarde o temprano la relación saltará porque se nos exigirá renunciar a algo de nosotros tan consustancial e imprescindible que si lo cercenamos o reprimimos dejaremos de reconocernos e identificarnos, algo que desembocaría en neurosis crónica o en algún otro problema desadaptativo.
De ahí también la necesidad de encuentro de ese equilibrio que nos permita prescindir de lo superfluo para poder parecernos al modelo que el otro construyo de nosotros mismos sin sentirnos afectados en nuestras esencias mas hondas.
En esas anda J. cada vez mas rodeado de incertidumbre e independencia.

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