Las pérdidas a lo largo de la vida, más allá de la muerte

Cuando un ser querido muere, es una de las pocas oportunidades socialmente favorecidas para llorar y poder mostrar nuestro dolor ante la pérdida. Nadie ve mal o juzga a un hijo por haber perdido a su madre, o a un hombre por haber perdido a su pareja, etcétera.

Sin embargo, la muerte de un ser querido, no es la única pérdida que nos genera dolor, sufrimiento y que requiere un proceso de sanación y elaboración.

La pérdida de la juventud, de un trabajo, la separación de la pareja, el casamiento de un hijo, la jubilación, la pérdida de alguna capacidad física o motora, entre muchas otras son algunas de las pérdidas que tarde o temprano iremos enfrentando en la vida. Algunos nos sentimos más preparados para tolerar que un hijo se vaya, o para enfrentar una separación de pareja, pero muchas veces, hay situaciones que emocionalmente nos rebasan, nos superan, nos hacen sentir (o pensar) que no podremos superarlo.

No siempre contamos con un espacio para poder expresar lo que sentimos, ya que muchas veces son nuestros seres queridos quienes están involucrados en el mismo proceso que nosotros, o quizá es su partida, su cambio o sus acciones las que nos hacen sentir en falta.

La tanatología trabaja con los procesos de muerte, los duelos y la aceptación, pero en un nivel profundo, también trabaja con estos pequeños momentos de crisis o cambios, que se nos presentan a lo largo de la vida y que en ocasiones no sabemos como enfrentar.

Me parece que cada pérdida merece un lugar en nuestra historia, merece un espacio para su expresión y elaboración, y un tiempo… ya pasará, pero no siempre tenemos que pasarlo solos

ANDREA AVILA DE GARAY

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