Consideraciones psicoanalíticas sobre violencia en México

Las pulsiones orgánicas conservadoras … no pueden sino despertar la engañosa impresión de que aspiran al cambio y al progreso, cuando en verdad se empeñaban meramente por alcanzar una vieja meta a través de viejos y nuevos caminos…” Freud. (1920)

En nuestro país en los últimos años se ha elevado la tasa de muertes por el narcotráfico y las ejecuciones a plena luz del día se han vuelto comunes, haciendo que el fenómeno de la violencia sea uno de los temas predilectos de la psicología y también porque no decirlo del psicoanálisis, ambos se han encargado desde hace mucho de temas como: traumas, duelos, frustraciones, complejos, etcétera.

En esta época transitamos por múltiples transformaciones dadas por la tecnología, cambios sociales, políticos, económicos y culturales todo este abanico crea toda una variedad en la producción de subjetividad, procesos que actualmente giran en torno al desconcierto haciendo que lo caótico se palpe en cada momento.

Sobre este contexto la violencia habita bajo diversas prácticas física, psicológica, simbólica, pública, privada, etcétera. El fenómeno de la violencia produce desde su origen un vínculo a muchos elementos tanto psicológicos como sociales, en México después del periodo revolucionario los ecos de la violencia siguieron su curso hasta fraguar un consenso social, una historia de México se inscribe con la sangre, otra solamente se tolera.

¿Donde puede entonces en estos tiempos estar colocado el Otro? ¿Desde donde estamos produciendo nuestra subjetividad? Actualmente México dejo atrás esa etapa revolucionaria, y ahora vemos a sus habitantes envueltos en un halo de violencia que flagela de una manera sustancialmente despiadada al sujeto, el narcotráfico, el aumento de ejecuciones, feminicidios, un gran número de “desaparecidos” conforman un contexto social que implican al sujeto atravesando el yo, que incipiente busca la imagen del “Otro” en un contexto complejo y nebuloso. A estas condiciones se le suma también un elemento que se ha posado en los distintos sectores sociales, la violencia es también de interés como recreación. La diversión que ha conformado una industria millonaria que además de rentable, diversifica sus modos de producción, es una industria en renovación constante porque los consumidores ávidos de violencia requieren estas producciones, videojuegos, cine, televisión, notas rojas, etcétera.

La película “El infierno” del director Luis Estrada a propósito de las celebraciones del Bicentenario de la independencia y el centenario de la revolución nos muestra un México desolado por el narcotráfico, la pobreza y la corrupción elementos que entretejen los hilos de las condiciones en las cuales debe existir el sujeto, un sujeto franqueado por un contexto agresivo y destructivo, lo tanático empaña la lente del director durante todo su filme, en él confluyen la violencia que se hace cotidiana, la segregación que hace el medio social, (y que terminan aprovechando los carteles del narcotráfico), el desgarramiento los personajes deambulan a merced de los procesos de sujeción, así como refería Marx señalando que: “El modo de producción de la vida material condiciona, en general, el proceso social, político y espiritual de la vida” y quizás deberíamos agregar en algunos casos también su psiquismo.

En este film la inercia y lo “cotidiano” impregnan lo económico, lo público, lo privado todos estos espacios configuran una encrucijada de la cual los procesos resultantes establecen un verdadero “infierno”. La película que cuyo eslogan hacia una crítica fuerte a las celebraciones del bicentenario de la independencia y centenario de la revolución “Nada que celebrar”, pues el país enfrenta hasta hoy una profunda crisis de seguridad, que sigue impidiendo que se desarrolle un país que paso de contar con una capacidad de adaptación al medio, a pasar de una capacidad de adaptación al miedo.

Es un infierno que en el que totalmente diferente de donde caminan Dante y Virgilio y los pecadores sufren castigo, según Sheridan el infierno es hoy un lugar donde: “Políticos corruptos, obispos rapaces, mercaderes ladrones, todos los que faltaron a los mandamientos o a las virtudes cardinales. A los usureros, en el infierno de Dante, los demonios les vacían oro derretido en la garganta; en México suben sus acciones. En México, de entrada no hay castigo: nuestro amor a la impunidad viene blindado.” Sheridan (2011).

Desde Tótem y tabú (1913-1914) Freud hace alusión a la horda que al padre, este asesinato del padre odiado y después temido, y del cual se desprende la Ley que da una prohibición categórica del incesto, ley que impide el goce, ley que hace un impedimento en la condición pulsional del sujeto en lo simbólico, la violencia deambula por la trepidante forma del sujeto convertida en angustia y malestar.

Desde el psicoanálisis no hay una clara distinción entre aquello que es bueno y aquello que es malo, en cambio en el campo ético bien puede establecerse tal distinción, sobresale el concepto de bien común como noción filosófica que a pesar de afirmarse entre el consenso, esta noción no ha hecho más que decaer ante la confusión y en vez de este concepto sobresale lo originario e inevitable de la pulsión agresiva, destructiva y tanática.

Esta violencia irrumpe en nuestra sociedad hoy en día bajo cuerpos decapitados, acribillados, que se aparecen en las diversas calles, y en algunos casos se da bajo el silencio de los cuerpos que no aparecen, o que no se reconoce que hayan desaparecido. ¿La violencia es la muleta que nos ayuda a soportar el malestar en la cultura?, ¿a falta de procesos de sujeción mayor satisfacción, pero una mayor destructividad?.

Ya las calles ahora no son espacios públicos, si no espacios privatizados por mafias y criminales, espacios que nos han quitado la libertad de estar en ellos y transitarlos. El amo y el esclavo danzan en una antesala caótica y artificiosa liberando como resultante sus efectos destructivos.

El sujeto se ha olvidado de su propia ascesis sustituyéndola por experiencias del orden de lo inmediato. Ante un panorama de violencia que propicia que se abatan los efectos más no los efectos que la conforman, es simple que en este terreno la dimensión política se quiera llevar el dicho “ojo por ojo, diente por diente” hasta sus últimas consecuencias, solucionando el problema de la violencia con más violencia.

La violencia en todas sus formas y manifestaciones nos enfrenta con el fantasma sadiano que recorre nuestras experiencias del orden de lo cotidiano, finalmente lo tanático aparece como agregaría Freud muy atinadamente en más allá del principio del placer (1920), “la meta de toda vida es la muerte” esta sentencia del zeitgeist del tiempo freudiano.

Bibliografía

Cantis, Diana. (2000)Transformaciones en la cultura, violencia cotidiana y psicoanálisis, Psicoanálisis APdeBA – Vol. XXII – Nº 2

Freud, S. (1913-1914) Tótem y tabú, Obras completas, tomo XIII. Argentina: Amorrortu.

Freud, S. (1927) El porvenir de una ilusión, Obras completas, tomo XXI Argentina: Amorrortu.

Freud, S (1929) El malestar en la cultura, obras completasFreud, S. (1920/1985). Más allá del Principio de placer, Obras Completas, tomo XVIII. Argentina: Amorrortu.

Marx, K. (1980).El capital. Crítica de la economía política. Madrid: Siglo XXI.Sheridan, G. (2011) Viaje al centro de mi tierra. México: Almadia

Soto, J (2005) Desencanto y psicología social: las cloacas de un pasado común, Casa del tiempo UAM. México,

D.FChristlieb. F (2004) La sociedad mental. Barcelona: Anthropos

Zamagni, Stefano (2007).El bien común en la sociedad posmoderna: propuestas para la acción político -económica. Cultura Económica. XXV p. 23-43.

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