Cambiar el chip

Cuántas veces habremos oído esa expresión. “Tienes que cambiar el chip”.

Como si fuera tan fácil, ¿verdad? Como si apretando un botón instalado en nuestra cabeza pudieramos dejar de estar melancólicos o dejar de pensar en lo malo.

No tenemos ese botón, pero si lo tuviéramos, ¡sería terrible!

¿Os imagináis la vida sin dolor, sin penas? ¿Cómo valoraríamos las cosas buenas de la vida entonces? ¿O cómo aprenderíamos, cómo creceríamos?

Hay una escena preciosa, de la preciosa película Little Miss Sunshine, en la que un profesor de Literatura y su sobrino conversan: el joven le dice que ojalá pudiera saltarse toda la etapa del instituto, quedarse dormido y simplemente no vivirla. Entonces su tío, el profesor, le habla de Marcel Proust, célebre literato, quien dijo que los mejores años de su vida fueron aquellos en los que más sufrió, porque le hicieron ser quien era. Los años en los que fue feliz, fueron un desperdicio. Y acaba su tío: “Así que si te quedas dormido hasta los 18, agh, piensa en todo el sufrimiento que te perderás”.

Genial, ¿o no? El cine a veces se convierte en cineterapia y nos regala verdaderas lecciones de vida.

La que extraigo personalmente de esta escena es:

El sufrimiento es inevitable, y necesario para el crecimiento personal.

Hum… Bonita frase, sin embargo, no hace mucho publiqué un post en el que presentaba una famosa cita de Buda: “El dolor es inevitable, el sufrimiento opcional”. ¿Contradictorio? Trataré de explicarlo.

Dolor y sufrimiento son lo mismo. De hecho, el DRAE nos define el sufrimiento como “padecimiendo, dolor, pena”. Creo que todos entendemos la frase de Buda: el dolor, ya se presente en forma de tristeza, de rabia o de miedo, es algo humano, forma parte de la vida, no debemos por tanto criticarnos y juzgarnos por sentir lo que es natural, y además, cuando lo superas, aprendes, creces, te superas a ti mismo; pero cuando ese dolor se expande más de lo necesario, ya sea en intensidad o duración (y a eso es a lo que Buda se refiere con “sufrimiento”), entonces…

Entonces hay que cambiar el chip.

Porque sentir pena, ira o miedo es natural. Pero dejar que dominen tus días no. Lo natural en las personas es experimentar el placer, buscar la felicidad y buscarse a uno mismo a través de la autorrealización. Y pasaremos muchas penas mientras lo hacemos. Pero cuando las lágrimas inundan tu camino impidiéndote avanzar… Tienes que salir de ahí.

Un profesional, un psicólogo, puede ayudarte a recuperar el camino. No te mostrará ningún botón mágico en tu cabeza, pero sí te enseñará que la solución: está dentro de ti. Porque cuando el dolor se expande, somos nosotros en realidad quienes lo expandimos. Nos autosaboteamos a través del siguiente proceso:

Me siento mal —- Percibo que me siento mal y no lo asimilo correctamente —- Me siento peor

Solución: cambia el proceso.

Me siento mal —- Lo percibo como algo natural, normal, sin criticarme ni juzgarme por ello —- Hago algo para sentirme mejor

Si sigues la primera cadena, provocarás una bola de nieve cada vez más grande y tus emociones acabarán atrapándote. Si sigues la segunda cadena, el dolor puede ser incluso una lanzadera para vivir experiencias que nos aporten placer, bienestar y nuevas vías de autorrealización.

Una vida plena implica dolor y sufrimiento. Pero no dejes que el dolor y el sufrimiento sean los protagonistas de tu vida. Tu ruedas tu propia película. Enséñanos, una vida preciosa.

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