Algunas consideraciones sobre el “ataque de pánico”

De un tiempo a esta parte todos venimos escuchando que cada vez es más la gente que sufre ataques de pánico. En algunos casos se trata de personas que han recibido ese diagnóstico; y en muchos otros, se trata de personas que entienden que sus malestares o dolencias responderían a lo que ya en las calles se pronuncia como ataque de pánico.

A continuación, haremos una descripción del llamado ataque de pánico y de la concepción que tenemos acerca de su tratamiento desde un enfoque conjunto.

En principio, podríamos decir que los ataques de pánico son crisis de angustia intensas, con presentación inesperada, que impactan significativamente en la vida cotidiana y que se acompañan de síntomas físicos de atendible magnitud.

Caracterizan dichas crisis de angustia su súbita manera de presentación, su duración (minutos), su repetición a lo largo del tiempo y la ausencia de enfermedad médica que las justifiquen.

Frecuentemente la angustia aparece con sensaciones de abandono y desprotección frente a lo amenazante o peligroso, como así también con sensaciones de vulnerabilidad, debilidad y falta de control. Es característica la conducta de evitar lugares, situaciones o personas.

Cabe destacar que no toda angustia es sinónimo de trastorno de pánico (ataques de pánico recurrentes). La angustia, en su “medida” justa, es una respuesta normal que hay que saber “escuchar” y evaluar. De acuerdo a la magnitud de esa angustia -o “dolor del alma”-, será el tipo de tratamiento a considerar.

Dentro de los síntomas físicos suelen presentarse problemas para respirar, sensación de ahogo o de desmayo, mareos, temblores, aumento de la frecuencia de los latidos del corazón, dolor en el pecho, transpiración profusa, hormigueos, escalofríos, sensación de muerte inminente, miedo a perder el control o a “volverse loco”.

Las primeras crisis suelen darse en momentos de tranquilidad. Luego aparecerían la angustia anticipatoria, y las conductas evitativas (que junto a los ataques recurrentes conformarían el trastorno de pánico).

Creemos que el trastorno de pánico debe ser atendido de manera conjunta por un Psiquiatra y por un Psicoterapeuta. Dada la sintomatología del cuadro, muchos pacientes consultan primero a un Médico Clínico; otras veces asisten a un Psiquiatra, y otras veces acuden a un Psicoterapeuta.

El Psiquiatra realizará una evaluación de cada caso en particular, a partir de la cual decidirá acerca del tratamiento. Puede ocurrir que sea necesario medicar, como no hacerlo. Tal situación dependerá del tipo de padecimiento y/o del momento en que la persona acuda a consulta.

El Psicoterapeuta apuntará a “escuchar ese ataque de pánico”, a darle un lugar a esa singular angustia que cada persona presenta en ese momento y a recorrer junto a ella el camino de un re-encuentro o diseño de posibles defensas que puedan fortalecerla frente al súbito malestar e intensidad de sus “ataques”. El trabajo por medio de la palabra pretenderá habilitar la posible mediatización frente a lo excesivo, dolor, miedo, angustia y tristeza.

Consideramos de vital importancia un trabajo Interdisciplinario que apunte a disipar la cronicidad y recurrencia -con el consiguiente riesgo de complicaciones asociadas-; pero siempre procurando no perder de vista la pregunta acerca de quien es aquel sujeto particular y único que consulta, ya que sólo por ahí será posible arribar a un respetuoso tratamiento.

Dr. Sebastián Tolchinsky
Lic. Judith Barmat
www.espaciodeencuentros.com.ar

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