La inteligencia emocional en adultos con trastorno por déficit de atención

INTRODUCCION

El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH), uno de los más comunes trastornos en la infancia, suele permanecer a lo largo de la vida de la persona, causando una importante disfuncionalidad en diferentes áreas vitales y afectando a su calidad de vida (QoL). Diferentes evidencias indican que el TDAH podría permanecer en la edad adulta en, al menos, un 50% de los casos. A pesar de la larga trayectoria de estudios e investigaciones, aún no se conocen con exactitud los precursores biológicos y no han quedado definitivamente clarificadas las causas genéticas, neurológicas, conductuales y psicosociales. Aunque el TDAH cuenta con más de un siglo de investigaciones, no es hasta la década de los 60 del siglo pasado cuando se comienza a mostrar evidencia de que el trastorno presenta tendencia a permanecer en la edad adulta. Y es a partir de los años 90, cuando los estudios validan las diferencias entre adultos con y sin TDAH. Empieza a desvelarse su trasfondo neurobiológico y a realizarse estudios longitudinales en población infantil, comenzando a demostrarse la cronicidad del trastorno. Esta investigación tan tardía ha podido dar lugar a que se haya producido un infradiagnóstico en el adulto, mostrando cifras por las que solo un 25% habría sido diagnosticado. Personas con TDAH suelen desarrollar otras patologías psiquiátricas, lo que supondría una importante complicación tanto para el diagnóstico como para la evolución del trastorno. Las patologías psiquiátricas comórbidas al TDAH más frecuentes suelen ser el trastorno de ansiedad, trastorno depresivo mayor, trastorno bipolar, trastorno negativista desafiante, trastorno disocial, dependencia o abuso de sustancias legales o ilegales, etc. Se estima que, entre un 25-50% de los pacientes adultos con TDAH, presentan patología psiquiátrica comórbida. En lo referente a la epidemiología del trastorno en la edad adulta, ésta es aún bastante controvertida, pudiendo variar en función del contexto geográfico, los criterios diagnósticos, así como la diversidad de instrumentos de evaluación y puntos de corte. Se muestran cifras que oscilan entre el 4,5% para Estados Unidos, Oriente Medio y América del Sur, y un 1-3% para Europa. En población española, la prevalencia apenas llega al 1,2%. En cuanto a las diferencias de género, existe una mayor prevalencia de niños frente a niñas, que se reduciría en la edad adulta, aunque suele permanecer a favor de los hombres. No existe un claro consenso respecto a la etiología del trastorno, y es el modelo multifactorial el que podría actualmente ser la mejor explicación. Encontramos factores genéticos, neuroquímicos, alteraciones cerebrales a nivel estructural y funcional y diversos factores ambientales. La reciente edición DSM-5 ha adaptado los criterios diagnósticos del adulto, introduciendo algunas modificaciones para su mejor adaptación a esta etapa. Según esta edición, la manifestación clínica del TDAH en el adulto se va a caracterizar principalmente por sintomatología de inatención e impulsividad, quedando atenuada la hiperactividad. En la edad adulta, el trastorno suele seguir provocando una importante disfuncionalidad en forma de peores rendimientos en los ámbitos personales y profesionales, con una tendencia a presentar un estilo de vida “caótico”, suponiendo un importante deterioro de su QoL. Asimismo, personas con TDAH suelen mostrar bajos niveles de eficacia emocional junto a una mayor impulsividad y falta de habilidades sociales. Esta circunstancia elevaría la susceptibilidad de estar implicadas en diversas formas de comportamiento antisocial, así como mayores niveles de estrés y dificultades emocionales en diferentes ámbitos, laboral, escolar, relaciones personales, etc.

Tradicionalmente, la inteligencia cognitiva ha sido prácticamente la única variable que se reconocía como predictora del éxito de la persona, pero desde la aparición del constructo de inteligencia emocional (IIEE) se ha venido demostrando a través de la investigación que la parte afectiva del ser humano no debía quedar relegada. Las emociones influirían en la cognición, por lo que podrían contribuir al mejor ajuste vital. En nuestra investigación, la IIEE ha sido entendida desde el Modelo de Habilidades de las cuatro ramas, de Mayer y Salovey. Este modelo concibe la IIEE como un conjunto de habilidades cognitivas referidas a las emociones, que no tiene relación con el factor personalidad y presenta una baja o nula relación con el factor CI. Según estos autores, personas con mejores habilidades en la percepción de emociones, con mejor uso de éstas para facilitar el pensamiento, mejor comprensión y manejo, de las propias así como de las ajenas, las personas gestionan sus vidas de forma más adaptativa. La IIEE, bajo este modelo, es considerada un tipo de inteligencia, habiendo sido demostrada su independencia con respecto al CI. Esto posibilitaría su desarrollo y mejora, y que pudiera ser incluida en los tratamientos multimodales de intervención terapéutica para el TDAH. Un tipo de inteligencia genuina, que se fundamenta en el uso adaptativo de las emociones y su aplicación al pensamiento, pasando desde los procesos más básicos (percepción emocional) hasta los de mayor complejidad (comprensión y regulación emocional). Las habilidades emocionales y las cognitivas serían factores clave para lograr un mayor bienestar de la persona.

El concepto de QoL, aunque falto de consenso en su definición, incorpora aspectos económicos, médicos y sociales como satisfacción con la vida, bienestar subjetivo, estado de salud física y mental, felicidad, funcionalidad, etc. El TDAH suele conllevar un impacto negativo significativo en una gran variedad de dimensiones del funcionamiento diario, teniendo como consecuencia un menor nivel de valoración de su QoL. Hoy en día, la evaluación de la QoL de sujetos con TDAH, en nuestra opinión, es aún escasa, y también lo es una profunda comprensión de los factores que sobre ella influyen.

 

OBJETIVOS E HIPOTESIS

Como objetivos principales, se planteó determinar el nivel actual de IIEE en una muestra de sujetos adultos con TDAH, así como explorar la asociación entre la IIEE y la valoración de su QoL, en comparación con un grupo de controles sanos. Para dar respuesta a estos objetivos, una hipótesis fue que los sujetos con TDAH presentarían menores niveles en la escala global de IIEE, medido con el MSCEIT (Test de Inteligencia Emocional Mayer-Salovey-Caruso), que los sujetos del grupo control. Y que este menor nivel de desarrollo se observaría en las cuatro ramas del modelo. Para dar respuesta a la posible asociación entre la IIEE y la QoL, nuestra hipótesis fue que encontraríamos correlación positiva y estadísticamente significativa entre la IIEE y la QoL en los sujetos de la muestra. También se plantearon unos objetivos secundarios. Dado que en la manifestación clínica del TDAH así como en la gestión emocional existen diferencias entre hombres y mujeres, se incorporó como objetivo secundario la valoración en función del género. Para ello, planteamos la hipótesis de que existirían diferencias por género. Se consideró determinar la asociación de la gravedad del trastorno en el nivel actual de IIEE. Para este objetivo, nuestra hipótesis fue que la gravedad de la sintomatología, tanto en la etapa infanto-juvenil como en la edad adulta, estaría asociada a un nivel más bajo de IIEE. Finalmente, otro objetivo fue analizar la relación entre el nivel general de CI y el de IIEE, para lo que planteamos la hipótesis de que la IIEE presentaría relación baja o nula con el CI.

 

METODOLOGIA

En la presente investigación, se planteó un diseño de investigación cuasi o pseudo-experimental, transversal, descriptivo y correlacional. La muestra total final estuvo compuesta por 116 adultos (con una Media de edad=38,29 y DS=11,47), hombres y mujeres. Los sujetos se agruparon en tres grupos de adultos con TDAH y un grupo control: grupo TDAH sin comorbilidad sin antecedentes de diagnóstico (n=31), grupo TDAH con comorbilidad sin antecedentes de diagnóstico (n=31) y grupo TDAH con comorbilidad con antecedentes de diagnóstico (n=29), y un grupo control de sujetos sanos sin historia de TDAH. La muestra se localizó en dos asociaciones diferentes, dedicadas a dar soporte a personas afectadas con el trastorno, y dos centros clínicos privados, en los que sujetos con o sin diagnóstico de TDAH se prestaron a participar en la investigación de forma voluntaria. La localización geográfica fue a nivel nacional. La recogida de datos se realizó entre Octubre 2013 y Diciembre 2014. El diagnóstico de TDAH, así como la presencia de otras patologías psiquiátricas, fueron confirmados en la evaluación. El Test de Inteligencia Emocional, de Mayer, Salovey y Caruso (MSCEIT) fue el instrumento utilizado para la evaluación de la IIEE. Los rendimientos personales se analizaron a través de los datos obtenidos en la entrevista estructurada (Conjunto mínimo básico de datos, CMBD). El resto de las variables se obtuvieron a través de diferentes instrumentos: AAQoL para la QoL, WAIS-IV para el CI, BARRAT, WURS y CAARS para la sintomatología del TDAH, y el cuestionario factorial de personalidad 16 PF5 para la variable personalidad. La evaluación fue realizada en dos sesiones de, aproximadamente, dos horas cada una. Desde el punto de vista del análisis estadístico, se realizaron pruebas descriptivas e inferenciales utilizando el paquete estadístico SPSS 20. Los aspectos éticos contaron con la aprobación del Comité de Ética e Investigación Sanitaria del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, de acuerdo con la legislación vigente. Se dio cumplimiento en todo momento a la Ley de Protección de Datos vigente (Ley Orgánica 15/1999 de 13 de Diciembre, de Protección de Datos de Carácter Personal).

 

RESULTADOS:

Los resultados mostraron que los grupos TDAH presentan niveles inferiores de rendimientos en el ámbito académico, personal y profesional, así como una valoración más baja de su QoL en comparación con los grupos de los controles sanos. Los datos obtenidos indicaron que, de forma general, los sujetos con TDAH presentan un menor cociente de IIEE, pero este efecto sólo aparece de forma estadísticamente significativa en el grupo TDAH con comorbilidad sin antecedentes de diagnóstico. La existencia de diferencias en cuanto al nivel de la IIEE en función del género fue confirmada, siendo a favor de las mujeres. Encontramos una excepción en el grupo TDAH con comorbilidad sin antecedentes de diagnóstico, en el que las mujeres obtuvieron puntuaciones inferiores. Los datos indicaron correlaciones positivas y estadísticamente significativas entre la IIEE, en el área experiencial, y la QoL, a nivel total así como en las dimensiones de salud psicológica y productividad. En lo relativo a la gravedad del trastorno en la etapa infanto-juvenil, no se observó correlación entre ésta y el nivel de IIEE. En cuanto a la gravedad actual, se encontró correlación para la variable hiperactividad e impulsividad, pero no para la variable inatención. No obstante, el impacto de la gravedad fue diferente en función de los grupos. Finalmente, fueron encontradas ciertas relaciones lineales entre el CI y la IIEE, de signo positivo y débil entre ambos.

 

DISCUSION

En base a los resultados obtenidos, pudimos señalar varios factores presentes en el menor nivel actual de habilidades emocionales en los sujetos TDAH, en el grupo con comorbilidad sin antecedentes de diagnóstico. La ausencia de diagnóstico previo del trastorno ha sido uno de los factores que presentaba este grupo, junto a la presencia de patología comórbida al TDAH que también apareció como factor presente en un nivel más bajo de IIEE. El factor género, en este caso el femenino, se encontró presente en un mejor nivel de IIEE, excepto en el grupo que presentó patología psiquiátrica comórbida al TDAH y sin antecedentes de diagnóstico. En cuanto a la gravedad sintomatológica, en el caso de la variable hiperactividad/impulsividad, se mostró como factor presente en un menor nivel de IIEE. No se mostró este efecto para la variable inatención. Finalmente, un CI más alto estuvo presente en un mayor nivel de IIEE. Tal como mostraron nuestros resultados, las variables IIEE y CI, aunque muestran correlaciones bajas o nulas entre sí, presentan cierta relación lineal. Finalmente, uno de los factores sería el propio instrumento de medida utilizado, el MSCEIT. Aunque ha sido demostrada su fiabilidad, diferentes autores han cuestionado que mida de forma efectiva todas las habilidades contenidas en las ramas, así como la capacidad para implementar estrategias en una situación cotidiana, por lo que entendemos debería considerarse en los resultados obtenidos.

 

 

LIMITACIONES DE LA INVESTIGACION

Consideramos que hemos contado con determinadas limitaciones y, por tanto, los resultados deben interpretarse en el contexto de las mismas: 1. La predisposición positiva de los sujetos que han participado de forma voluntaria, tanto de las asociaciones como de las consultas privadas, ha podido suponer un sesgo para la generalización de los resultados; 2. No se han podido identificar relaciones causales al tratarse de un estudio transversal y no longitudinal; 3. Al no tratarse de un ensayo clínico, no se controló la variable “tratamiento”, por lo que su posible efecto protector pudo influir en la tendencia de los resultados; 4. La falta de consenso sobre el constructo QoL nos lleva a tener en cuenta que la valoración ha sido obtenida bajo una conceptualización influida por el actual contexto social, político, cultural y asistencial; y 5. Posibles limitaciones del instrumento de medida utilizado, el MSCEIT.

 

CONCLUSIONES

Hemos podido observar la tendencia a un menor nivel de IIEE en el grupo TDAH que no contaba con diagnóstico previo y que presentaba otras patologías psiquiátricas comórbidas al TDAH. Los otros grupos no han presentado un menor nivel de IIEE en comparación con el grupo control. Por tanto, factores presentes en un menor nivel de habilidades emocionales han sido la ausencia de diagnóstico del trastorno así como presentar comorbilidad al TDAH. Al igual que en población sin TDAH, existen diferencias de género en el nivel de la IIEE, a favor de las mujeres, obteniendo éstas mejores puntuaciones de habilidades emocionales. Este resultado se obtuvo en todos los grupos, con excepción del grupo que no tenía antecedentes de diagnóstico y que presentó trastornos comórbidos. Se han encontrado asociaciones positivas y estadísticamente significativas entre la IIEE, en el área experiencial (percepción y facilitación emocional) y la QoL, en su dimensión global, y en las dimensiones de salud psicológica y productividad. La gravedad del trastorno en la infancia no ha estado presente en un menor nivel actual de habilidades emocionales. En lo que respecta a la gravedad en la edad adulta, la variable hiperactiva/impulsiva se encontró presente en un menor nivel de IIEE. No ha sido así en la variable de inatención. La relación encontrada entre el CI y la IIEE fue débil y de signo positivo. Esto podría favorecer la inclusión de la intervención en la IIEE, independientemente del nivel intelectual de la persona. Se pudo concluir que en el nivel de IIEE en población con TDAH están presentes diferentes factores tales como contar con diagnóstico previo lo que puede favorecer intervenciones tempranas, la ausencia de patología comórbida al TDAH, la gravedad de la variable Hiperactividad/impulsividad, el factor género y, de forma débil, el CI.