Y tu, ¿ Cómo marcas la vida de tus hijos?

¡Mamá! ¡Mamá!, Me acabo de caer y me duele mucho, dice un niño de unos 5 años, mientras le estira los brazos a su madre.

“No te preocupes”, le responde ella, “sólo es un raspón de rodillas que se cura muy fácil”, en ese momento comienza a cantar en tono bajo una canción que su hijo conocía muy bien: “Sana, sana colita de rana, si no sana hoy sanará mañana” mientras se inclinaba para besar la rodilla del niño.

“¡Listo!”, lo anima,”ya verás que te deja de doler y en un par de días estarás como nuevo, sólo te quedara una pequeña marca en este lugar”, señalando la pequeña herida a la mitad de su pierna.

“Y esa, ¿en cuantos días se me quita mamá?”, le pregunta el niño.

“Nunca hijo”, le responde la madre mientras acaricia el pelo sobre su frente, “Las cicatrices no se quitan. Se quedan ahí para recordarte que pasó algo, que algo se rompió y cambio, y que aunque ya no está la herida, nada volverá a estar como antes”. “Pero no te preocupes, continua, las cicatrices a comparación de las heridas tienen algo bueno: ya no duelen” guiñándole el ojo.

“Entonces, ¿Me tiene que doler para que salga algo nuevo?” pregunta el niño.

“Si” le responde su madre, “Todos los cambios duelen y te dejarán cicatrices de todos tamaños y formas, probablemente las más dolorosas serán las que los otros dejarán en ti, pero lo más importante que debes recordar es que te marcaron, crearon un espacio, una pequeña cicatriz, para que tú pudieras hacer cosas nuevas con lo que te dejaron.

“¿Tú me marcaste, ma?” Levanta la vista el niño buscando la mirada de su madre.

“¡Claro! o de donde crees que salió esa gran cicatriz en el medio de esta panza” responde la madre mientras se inclinaba a hacerle cosquillas en las costillas.

¿Mi ombligo? pregunta en niño en tono confundido, “¡Pero ese no sirve para nada! mamá” Y se suelta a reír.

“Ahorita no”, responde la madre mientras lo abraza, “pero algún día eso que te dejo marca, fue lo que te mantuvo con vida por 9 meses. Tu ahora vez un ombligo, pero en realidad es más que eso, es un recordatorio de que estas vivo y así como yo te marque con tu ombligo, tu marcarás a otros y ellos a su vez a ti. Es un sistema sin principio ni fin, en donde vamos creando surcos que duelen, para crear cosas nuevas que no existían antes. Es imposible marcar a alguien sin ser marcado, todo pasa al mismo tiempo, y es lo que te permitirá cambiar, sanar y empezar de nuevo, no sin antes dejarte una pequeña marca que te recordará que estás vivo. Y aunque a veces vivir te duela, puedes estar seguro que siempre habrá alguien en el mundo para cantarte “Sana, Sana colita de rana”

El niño cierra los ojos y se queda profundamente dormido.