Transitar por un duelo

Vivir un proceso de duelo nos lleva a enfrentar una serie de circunstancias inesperadas que surgen a consecuencia de una pérdida significativa. Un evento de esta naturaleza tiende a mover nuestro mundo interno de tal manera que pareciera que de un fondo común emergen asuntos inconclusos que habían permanecido en el tintero, pendientes por resolver.

Sabemos que el vacío es el sentimiento más presente y común ante una pérdida, sin embargo, debajo de éste suelen surgir emociones inesperadas que dan la impresión no tener relación entre sí, pero que por alguna razón se hacen presentes en el aquí y el ahora.

Por ejemplo, ante el fallecimiento de un padre podemos sentir, además de tristeza por saber que ya no estará con nosotros, un enojo hacía éste que se formó en la infancia, sentimiento de la que no éramos conscientes y que su muerte trae consigo como algo que necesita ser atendido. La ausencia de la persona amada trastoca nuestras entrañas y remueve el pasado.

Un duelo puede desprender resentimiento, culpa, depresión, malestares físicos con determinada sintomatología, aislamiento, idealización de la persona o situación que ya no está, entre otras cosas. Por lo anterior se recomienda que el duelo sea atendido a nivel terapéutico con el objetivo de procesar aspectos no resueltos y novedosos, otorgar una justa dimensión a las cosas, perdonar, re significar la experiencia de pérdida e identificar posibilidades de crecimiento para que quien lo transita se reincorpore a la vida cotidiana de una forma más fortalecida.

La idea de re significar la ausencia, desde un lugar más esperanzador, se asocia con el término resiliencia, que de acuerdo al diccionario es la capacidad que tenemos los seres humanos para sobreponernos a periodos de dolor emocional y situaciones adversas. Esta facultad permite que detectemos aquellos valores personales y atributos positivos que nos permitan transformarnos en seres mucho más compasivos y sensibles, dispuestos a crecer y a aprender de la experiencia.

Negar la pérdida simplemente nos llevará a postergar el proceso de duelo y nos limitará a enfrentar nuestros propios monstruos. Por el contrario, al tomar las riendas de la situación nos brindamos la oportunidad de llegar a lo que se conoce como el vacío fértil, mismo que aparece una vez que se cerró el duelo como tierra fresca para la siembra de nuevas posibilidades de vida.

Es través del placer que los seres humanos evolucionamos, sin embargo, es a través del dolor que nos transformamos.

Para ti que ya no estas físicamente a mi lado, pero sí en pensamiento y en sentimiento, para ti es este texto, en el que cada palabra significa un momento de mi vida a tu lado.