Transformando lo cotidiano. Psicología y budismo

Vamos caminando y el paisaje de acontecimientos es desalentador: una moto circula por la vereda y si no la esquivamos nos choca, al esquivarla nos muestra los colmillos un perro inmenso al que su dueño -que está a media cuadra de distancia- deja andar suelto, sin collar ni bozal, a riesgo de que muerda o provoque un ataque de nervios a alguien.

Pasa alguien con un perro más pequeño -con collar y correa- y se paraliza al verlo casi debajo del grandote, a quien el dueño llama y no le obedece: fuerte cruce de palabras entre ambos dueños. Intentamos cruzar la calle y hay un coche parado en la línea de cruce: alguien bajándose sigue charlando con el chofer y no hay modo de pasar ya que a la vez doblan coches y las bicicletas se atraviesan….

Qué podemos inferir y extraer de este fragmento de paisaje cotidiano?

La ignorancia del otro, en el sentido de una relación con el prójimo en la que el mensaje es «tú no existes» y en el sentido de ignorancia como ausencia de saber, de empatía (capacidad de ponerse en el lugar del otro) de saber acerca de mínimas reglas de convivencia, de saber sobre «compartir» ser parte, de un barrio, una calle, una vereda, un grupo de personas.

Ni hablemos de los derechos de cada uno, si no existo todo lo demás ya pierde sentido.

En qué momento dejamos de percibir que no somos el ombligo del mundo?

Que esto suceda en los niños en esperable, es un momento lógico el egocentrismo, etapa que Lacan nombra como «transitividad» y refiere a la agresividad por la rivalidad imaginaria en la que hay un lugar para dos y el niño lucha por ese lugar suponiendo que sino queda sin lugar alguno…que en los adultos se mantenga este patrón es grave, preocupante e indicador de terrible inmadurez, cuanto menos…

Una sociedad cuyos habitantes son inmaduros en un alto porcentaje ¿es una sociedad inmadura?¿Cómo se mide la madurez social, cuál es el parámetro?

Relacionado a esto está el egocentrismo, el egoísmo.

Se piensa en lo mejor para sí mismo y no en pos del bien común. Posiblemente alguien al leer esto ni sepa qué es el bien común.

«Antiguamente» las personas solían sacrificar su propio placer, deseos, caprichos, beneficios, si esto haría que su comunidad (barrio por ejemplo) mejorara, porque se sentían parte de la comunidad y los demás eran tan importantes como quien renunciaba. Epoca en que la interacción era relevante cara a cara y no virtualmente…

Cuenta el mito de «Totem y Tabú» que había un padre omnipotente, el macho del grupo, que tenía todas las mujeres, todos los alimentos, todo el poder y actuaba por capricho, siendo  sus hijos- hermanos entre sí- sus sirvientes. Un día los hermanos se revelaron, mataron al padre y cada uno comió un pedacito del cadáver, así todos se identificaban a él pero ninguno sería exactamente como él: así nace la cultura cuando la fuerza bruta dio lugar al Derecho.

Este mito también es citado en «Malestar en la Cultura» que básicamente refiere al malestar como una tensión interna de resignar parte del placer de hacer lo que a cada uno le venga en ganas a favor de una convivencia posible entre todos: se sacrifica parte de la felicidad en pos de la seguridad.

Esa tensión sería entre el goce del inconsciente y el placer consciente, dos lógicas distintas: la primera relativa a Tánatos, la segunda a Eros.

Se deduce que la seguridad brinda beneficios individuales además de regular al grupo por el derecho y no por la ley del más fuerte, que hay un placer en la socialización, distinto al goce caprichoso de tener todas las mujeres, todos los alimentos, todo el poder (así está representado el goce de más allá del principio de placer que es inconsciente y llega a la consciencia como sufrimiento)

Volviendo a lo actual: Hay un bombardeo permanente de violencia. El mensaje dado «tú no existes» es demoledor para cualquier aparato psíquico, hasta para el ser humano más fuerte y bien plantado tiene consecuencias devastadoras.

Pensemos en la violencia transmitida desde medios de comunicación y desde lugares de poder, un discurso violento, una bajada de línea irrespetuosa, a veces psicótica casi (una realidad paralela a la compartida) el premio a los corruptos, el elogio a los «piolas» y aparente triunfo de las injusticias, lo oscuro que triunfa sobre lo claro, transparente.

Una escala de valores donde ser bueno está devaluado y ser malo es sobrevalorizado. Aquí bueno y malo no refieren estrictamente a sus significados, más bien reemplazan a valores positivos, constructivos y valores negativos, destructivos, para sí mismo o para terceros.

El foco está hoy en la violencia naturalizada que circula entre iguales.

Cuando algo se naturaliza es para que no sea cuestionable ni tratable, menos modificable: es así y listo.

Quizás por esto -entre múltiples motivos individuales y sociales que se entrecruzan, todos nos vemos afectados por la situación de caos que transitamos a nivel ¿convivencia? algunos llegan a quejarse en voz alta pero nadie se atreve a un intento por modificar la situación.

Si la violencia engendra violencia, habrá que cambiar cada uno acción y reacción independiente de lo que hagan los otros, dejar de funcionar en espejo, correrse expresamente del lugar de rivalidad imaginaria, ya que no hay un lugar para dos. Hay tantos lugares como personas y si no hay se construyen.

Desde la psicología habrá que esforzarse en cada situación, en cada momento, para modificar conscientemente nuestra actitud, nuestro comportamiento -en lo más fenoménico-en ir trabajando para transformar nuestro pensamiento, re ordenar premisas en lo cognitivo, en lo afectivo emocional, re-aprender valores, modos de expresión, lenguaje hablado, gestual, corporal, casi una re-socialización.

Desde el psicoanálisis practicar cada uno para ubicarse en la famosa «posición del analista» que es la postura que aparece a veces caricaturizada en películas y chistes y consiste en no responder desde igual lugar a quien escuchamos (en sentido amplio) en responder desde lo simbólico que a veces equivale a no responder. Si en un mundo a predominio imaginario interactuamos desde lo simbólico necesariamente habrá acomodamientos en la interacción.

También implica comenzar a respetar las normas y no solo el propio deseo, o tamizar este deseo para manifestarlo dentro de la normativa de lo permitido.

Si no hay prohibición no hay deseo, por tanto es probable que estemos funcionando con «deseos» que son demandas generadas por la oferta- más relacionado con la necesidad-  muy lejos del genuino deseo de cada sujeto .

Implica respetar al otro y a sí mismo, aprender a esperar, valorizar el proceso y disfrutarlo, tener proyectos a largo plazo, construir confianza en sí mismo y en los otros, un ambiente lo «suficientemente bueno» para desarrollarnos, crecer (que en muchos faltó en un punto en que quedaron fijados y en otros estuvo y se perdió antes de tiempo) y un «ambiente social lo suficientemente bueno» Esto refiere a la teoría Winnicottiana donde este ambiente «suficientemente bueno» refiere básicamente a «confiable» posibilitador del crecimiento, de un espacio lúdico, que comienza siendo el espacio transicional entre mamá y bebé -que los une como la intersección de dos conjuntos- y decanta en el espacio cultural.

Esto es posible porque hay un padre -Ley- que lo sostiene.

Implica hablar en vez de actuar, tomar el diálogo como medio de acercamiento entre diferentes, como un puente que une y no como un abismo separador.

Comunicar claramente, registrar al otro, transmitirle: «te reconozco» me pongo en tu lugar, podemos acercar partes, construir terceras posiciones que integren y superen las nuestras que son distintas pero tienen algo en común, aprender de la diferencia, tolerar la diferencia, que la crítica sea constructiva para todos.

Desde el budismo utilizamos la herramienta del daimoku (repetir nam mioho renge kyó) con objetivos básicos como la felicidad de todos los seres humanos, la paz y armonía en el mundo, la verdad, justicia, igualdad, la naturaleza de buda de cada ser de este planeta y mi propia naturaleza de buda, por un verdadero cambio en el mundo, la creación de valores, la unidad, transformar la ignorancia en sabiduría, el egoísmo en amor al prójimo y a uno mismo, el miedo en coraje, fortalecer la determinación propia, abrir el corazón, aprender así a contactarse desde la sabiduría desde el corazón más allá de lo racional, la mente, la negatividad que todos tenemos y trabaja contra cada uno y luego contra los demás.

Puede sonar utópico, hagan la prueba: una persona con la que se lleven muy mal, que lleguen a odiar, canten daimoku por su felicidad y comprueben como el sentimiento interno se va modificando y los sorprende.

No tiene explicación lógica y tampoco es estrictamente una cuestión de fe, ya que si alguien lo hace sin creerlo el resultado es el mismo. Funciona con una lógica distinta a la aristotélica y también a la inconsciente.

La premisa es que todos somos budas en potencia y despertamos esa budeidad mediante el daimoku, budeidad que es un estado y que contiene y es contenido por los otros nueve estados, por esto requiere un trabajo constante.

Así como el inconsciente se manifiesta en el discurso y nunca se terminará, la budeidad se manifiesta, modificamos interna y externamente todos los aspectos pero será una lucha de por vida con la negatividad, con los estados más bajos de la vida.

Podemos combinar psicología, psicoanálisis y budismo y realizar cada uno un trabajo sobre sí mismo que se reflejará en la interacción y cuanto más personas lo realicen más se irá expandiendo la transformación en la interacción.

La transformación interna se llama «Revolución Humana» podemos llamar al entrecruce de revoluciones humanas «Revolución humana-social»

Comencemos cada uno a responder con una sonrisa, a practicar la amabilidad, la paciencia, el diálogo, a transformar desde nuestro interior, sintiéndolo de corazón por sí mismo y por los otros.

Es increíble el desconcierto cuando al subir a un colectivo uno saluda o cuando incorpora al discurso el gracias, el por favor.

Ocupándonos cada uno del cambio propio, nos ocupamos del cambio a nivel social, de interacción, en pos de un mundo más disfrutable, más armonioso y pacífico.

Hago para sentirme bien, ser feliz, cada uno hace lo mismo y trabajamos así a la vez por los demás.

Somos un microcosmos, en el macrocosmos Tierra.

¡Cambiemos el paisaje cotidiano actual! Empecemos dando el primer paso ahora…

recordando siempre: «La única batalla que se pierde es la que se abandona»