Terapia Gestalt: de la resolución de problemas cotidianos al crecimiento personal

Antes de desarrollar, como psicoterapeuta Gestalt, porqué considero que este enfoque es sumamante efectivo, quiero partir de mi experiencia personal.

Luego de haber realizado terapia desde otras corrientes de psicología, una amiga me recomendó que fuera a una terapeuta Gestáltica.

Una de las cosas que más me impactó en el comienzo es que tratábamos los temas que eran importantes para mí en ese momento: podía ser una discusión con una amiga o la necesidad de modificar un hábito y siempre salía de la sesión, por lo menos con un descubrimiento importante que me ayudaba a avanzar en la resolución de esa situación difícil.

Comencé a darme cuenta de lo obvio: qué pensaba, qué emociones sentía, cómo eran realmente los otros, cómo actuaba para crear mis problemas y qué herramientas podía usar para resolverlos.

Algunas personas me decían que era una “psicoterapia superficial”, y luego de un tiempo comprendí que seguramente ellas no habían experimentado la potencia de este enfoque. A partir del “trabajo” –así lo llamamos en Gestalt- de una situación aparentemente sencilla, tal como una dificultad reiterada con mi pareja sobre una tarea de la casa, surgían emociones y creencias arraigadas desde muy temprano en mi historia, asuntos inconclusos con una figura significativa de mi historia o darme cuenta cómo era mi manera de hacer las cosas y cómo no estaba dando el resultado que era más beneficioso para mi y los demás.

Desde allí surgía la posibilidad de resolverlas o por lo menos aproximarme a ello, ya que el pasado está ahora, y el futuro –mis proyectos y expectativas- también están en el ahora. Descubrí a los otros y esos descubrimientos muchas veces no fueron agradables. Por ejemplo, me di cuenta de que con quien en ese momento era mi mejor amiga me sentía incómoda y que cuando volvía a casa luego de estar juntas, me quedaba con rabia. Algo había pasado en esa interacción y si aumentaba todavía mi conciencia, podía saber qué era concretamente lo que me había producido esa emoción y desde allí encontrar, en adelante, lo que podía decir, hacer, callar, si es que esa persona estaba dispuesta o sabía cómo comunicarse desde la manera franca y directa que propone la Gestalt.

Hacíamos mucho énfasis en desarrollar la conciencia del cuerpo, ya que en él están nuestras sensaciones y emociones, y ellas son una fuente de información muy importante para orientar nuestras acciones, por ejemplo, la toma de decisiones. También me di cuenta que el cuerpo expresa con síntomas o enfermedades aquello de lo que no nos damos cuenta.

 

Hoy, siendo psicoterapeuta Gestalt durante más de veinte años, sigo comprobando la eficacia de la terapia Gestalt en el trabajo con los consultantes. Sigo formándome para conocer la evolución de esta corriente de psicología a través de los años y sigo usando sus herramientas para un camino de crecimiento interior constante. También me capacito e incluyo otros enfoques que parten de la misma base y potencian el trabajo terapéutico.

Yendo a aspectos más prácticos, puedo decir que la eficacia de la Gestalt se basa en algunos aspectos concretos, de los cuáles voy a citar los que me parecen más importantes.

El principal, como ya lo he mencionado, es el desarrollo de la capacidad de darse cuenta del mundo interior, de los demás, del ambiente físico, social y cultural. El darse cuenta de “lo que es”, de “cómo son las cosas”, es el primer paso para poder realizar cualquier cambio.

También se asume la responsabilidad personal en lo que pensamos, sentimos y hacemos. Por otra parte, se reconoce que no siempre somos enteramente responsables de lo que nos pasa. No somos un “yo” que modifica la realidad mágicamente, no somos omnipotentes. Hay límites en la situación que vivimos, factores externos que nos trascienden y lo fundamental: siempre somos interdependientes de los otros.

Parte de un enfoque de la totalidad: el cuerpo, las ideas, las emociones y la dimensión espiritual -caminos espirituales que puede o no tener una persona- son un todo dinámico en permanente interacción.

En lo personal, siempre trato con respeto las creencias y prácticas espirituales de la persona, si las tiene, pero no trabajo en esa dimensión en psicoterapia: hay personas idóneas con quienes pueden desarrollar esa dimensión de sus vidas.

Por otra parte, no es sólo una terapia individual-intrapsíquica: estamos inmersos en otras totalidades que nos afectan y que afectamos, como la situación total que estamos viviendo, que abarca a otras personas y grupos y por supuesto, la sociedad y cultura en la que vivimos. La totalidad es quienes somos en donde estamos.

 

Incluye desarrollar habilidades y capacidades que tal vez la persona no posee, por ejemplo, cómo comunicarse efectivamente, cómo relacionarse desde lo específico de cada relación (amistad, familiar, social), cómo elegir y tomar decisiones, entre otras. Esto puede hacerse con herramientas que brinda el terapeuta –siempre dejando al consultante la responsabilidad de tomarlas o no- o mediante ejercicios sencillos en que la persona puede experimentar distintas posibilidades de hacer las cosas y tomar la que mejor le sienta. Siempre desde el darse cuenta.

A modo de cierre, la Terapia Gestalt es práctica y no por eso menos profunda. Genera un continuo proceso de crecimiento personal a la vez que atiende a la resolución de los problemas, la satisfacción de las necesidades, el alcance de las metas y lograr el mejor equilibrio posible según las condiciones propias y del entorno.

Autora: Lic. en Psicología por la Universidad de la República Oriental del Uruguay.

Contacto: sylvia.korotky@gmail.com

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