¿Ser o, estar parado?

Durante estos últimos años, tanto a nivel mundial, como nacional nos encontramos en una situación difícil económicamente, que nos afecta a todos, y en todos los aspectos.

He de comentar al principio de todo, que este artículo no va enfocado a mejorar la búsqueda de empleo, ni a ofrecer técnicas laborales, sino a entender qué nos ocurre en el momento en el que nos encontramos parados, laboralmente hablando,  y acercarnos  al aspecto emocional para cuidarlo a través de ciertos consejos.

Para poder comenzar a entender el tema, debemos concebir que la situación de parados se entiende desde varios puntos de vista: desde la propia persona que se encuentra en dicha situación, desde la perspectiva de familiares y amigos que tiene alguna persona allegada en paro, y desde un sistema mayor donde entran en juego empresas del sector privado y/o público, hasta el propio estado como tal.

Parece que dicha situación y con un número tan elevado de personas sin trabajo (o incluso, incluyendo aquí también a personas con trabajos de salarios muy bajos o jornadas laborales muy reducidas), encontramos un estado de ánimo colectivo marcado por una especie de pesimismo y negativismo, desesperanza, y tristeza globalizada que parece que nos paraliza, y que podemos encontrar casi en el día a día; Basta con salir a la calle y observar un poco las relaciones y dinámicas que se ponen de manifiesto entre las personas, o simplemente las conversaciones que se pueden encontrar en cafeterías.

A la hora de centrarnos en la persona que se encuentra en una situación de desempleo, podemos diferenciar entre personas que llevan mucho tiempo (no voy poner una franja temporal), personas que pasan temporadas sin trabajo uniendo unos contratos temporales con otros, y personas que recientemente han perdido el empleo. Cada persona en sí es un mundo, pero sí podemos encontrar ciertos pensamientos y ciertas emociones comunes, ante determinadas circunstancias. En el momento en el que a alguien se le suprime un contrato laboral (despido procedente, improcedente, finalización contrato…), suele sobrevenir un estado de tristeza, rabia, ira, shock,… Hasta que se da una aceptación, esto sigue el mismo proceso y fases que sigue el duelo por la pérdida, porque una pérdida puede ser tanto de un ser querido, de una pareja, como de un trabajo. Uno siente dicha situación como algo que le supera, que quizás podía haber sido previsto o no, pero la parte emotiva y afectiva no es racional, y puede entenderlo como algo imprevisto, que le descoloca y desborda. Estos sentimientos son normales en dichas situaciones, ya que nos afectan y es la forma que tiene nuestra cabeza de asimilar y organizar “el golpe”. A partir de aquí empieza un proceso en el que vamos a sentir mucha ambivalencia, nos podemos sentir muy válidos y con fuerzas para “re-enfrentarnos” al mercado laboral, pero al mismo tiempo solemos tender a sentir un fracaso interno que nos ralentiza y/o nos paraliza en la búsqueda. Según continúa el tiempo vamos a seguir “luchando” por volver a entrar en aquel estatus en el cual nos sentíamos reconocidos, y en el que nos identificábamos en cierto modo; Pero en esa “lucha” nos acompaña cierta tristeza, cierto dolor y cierto resentimiento, así como sensación de incompetencia, inutilidad, entre otras emociones. Este tipo de sentimientos están asociados a dichas circunstancias, nadie debe sentir que, por determinados pensamientos evocados por estas emociones, se sienta extraño o raro, al contrario, esta situación en sí misma provoca indefensión en las personas. Al final del proceso uno se queda en una sensación de “estancamiento”, aquí lo que entra en juego es una aceptación, ya que paraliza los recursos de cada uno para actuar, sin embargo, es el momento en el que realizamos un aprendizaje interno que nos lleva a un crecimiento personal. Este aspecto es algo mas largo de exponer, y cabría lugar abordarlo en otro apartado.

Por otro lado, es cierto también destacar, que se produce un agotamiento psicológico que nos afecta físicamente. Aquí el pensamiento parece haber cambiado, de quiero volver a ser uno más, un trabajador activo más, a no sé si quiero volver a serlo, y lo que quiero es sobrevivir, como pueda…

Me gustaría recordar que, no todas las personas llegan a pasar por todas las fases ni el mismo orden, y que determinados sentimientos son universales y humanos, cayendo muchas veces en sentimientos de inutilidad, no valía, incompetencia, entre otros, sin ser esto cierto. No olvidar, y aunque pueda sonar muy evidente, a veces debemos recordárnoslo, una persona no es el trabajo que tiene, una persona no se define a sí misma y su valía como la profesión que desempeña. Cada persona tiene su valor en sí misma, sus propios recursos cognitivos, y su valía personal. El trabajo nos aporta un estatus, un lugar y un espacio en el mundo en el que vivimos, nos organiza y nos estructura, pero no nos define como lo que somos. Somos más que una profesión, somos más que un reflejo laboral.

A la par que esto, parece que algo en nosotros va cambiando también, nos encontramos más susceptibles, más negativos, mas desagradables, quizás reaccionando a veces de forma agresiva (verbalmente), y atacando a nuestro entorno, a las personas que nos rodean y nos quieren. En cierto modo no nos reconocemos, a veces hasta nos cuesta soportarnos  a nosotros mismos, nos vienen a la cabeza pensamientos del estilo de “yo antes no era así”, “he perdido la energía y las fuerzas”, “no hay nada que hacer”, “no tengo ganas de nada”, entre otros, acompañados de agonía y dolor.

A veces es importante pararse frente a un espejo y ver el reflejo que tenemos de nosotros mismos, ya que el reflejo que nos aporta la mirada del otro de nosotros mismos, nos va creando en cierto modo, nos construye; Pero también es importante la mirada de nosotros hacia nosotros mismos, ver lo qué éramos, lo que somos, lo que podemos ser, intentar ir más allá de esa parte que ahora mismo sentimos anulada, y llegar al ser que somos, valorarnos nosotros mismos, con toda nuestra historia de vida, con nuestras virtudes y nuestras erratas (humanas),  y aportarnos esa valía que hemos dejado en manos de otros, y que ahora necesitamos reconstruir, por y para nosotros.

A partir de este punto, lo que me parece importante destacar, es el cuidado de uno mismo. Cierto es, que en varias situaciones además de toda la parte psicológica, vamos a encontrar aspectos añadidos, depresiones, trastornos psicológico, cargas familiares, deudas, vuelta a hogar familiar, etc.…Si bien es cierto que, de primeras hay que hacer un análisis de los hábitos y una reorganización de prioridades, lo que supone un trabajo duro y no exento de dificultad. A las personas nos resulta medianamente sencillo adaptarnos a cambios positivos, como un aumento económico, etc., no obstante es mucho más difícil adaptarnos a pérdidas o restricciones, y con ello siempre recuerdo una frase que me dijo una persona sin hogar un día: “Prefiero seguir durmiendo en la calle, que poder dormir un día o dos o tres en cama, y luego otra vez a la calle porque los albergues estén llenos. Puedo acostumbrarme a lo malo, pero ya no tengo fuerzas para acostumbrarme un día algo bueno y otro malo”.

Durante el tiempo que uno permanece sin trabajo (por imposición), se pueden buscar ayuda en Asociaciones o Servicios Sociales, que ayuden tanto en temas instrumentales (aspectos de primera necesidad), como otro tipo de apoyos mas afectivos o de sostén psicológico, y/o enfocados a colectivos, como puede ser: apoyo social en grupos de parados, actividades gratuitas, tanto de formación como de ocio, etc. Al principio puede que no queramos ni acércanos a estos lugares o espacios comunes, porque, quizás no queramos encasillarnos en una identificación que no nos gusta, no queremos identificarnos como “parados”, y tengamos miedo de vernos así, no obstante son recursos muy importantes a la hora de hablar del apoyo social, ya que la situación de crisis es, actualmente mundial, la cercanía y el apoyo humano, la comprensión, el ver que uno no es el único que atraviesa ello, la empatía, y el propio soporte que pueden aportar  estos grupos, es casi un recurso puro a día de hoy, un sostén que ayuda a crear nuevamente pilares en uno mismo.

El ser humano es un ser social, que además de necesitar asociarse socialmente (también llamado sentimiento de afiliación), y por ende necesitar apoyo instrumental, también necesita un apoyo afectivo, un cuidado del otro hacia uno mismo, y ese otro puede ser desde una persona, familiares, amigos, asociaciones, etc. Hablando también del apoyo social, lo más destacado es mantener  aquellas personas que tenemos alrededor, que nos han cuidado y hemos cuidado en el pasado, mantenerse apoyado, ya sean familiares, amigos, compañeros, conocidos…Porque cuando se nos derrumba el mundo interno, lo que nos ayuda a seguir adelante son los apoyos externos. No es necesario salir y gastar, cuando uno no tiene, ni tener muchos amigos (no importan la cantidad, sí la calidad), lo importante es el valor de la o las personas que tenemos, lo que nos ofrecen afectivamente y lo que nosotros ofrecemos. Aquí debo mencionar, que muchas veces tratamos peor a las personas mas allegadas, siendo éstas las se llevan nuestras bordarías, enfados, apatía, negativismo, etc., ¿y por qué ocurre esto? Porque son “nuestras personas”, son aquellos con quienes tenemos confianza, con quienes nos sentimos cómodos para mostrar nuestros peores sentimientos…Pero a veces aquí tenemos que recular, y en ocasiones pedir perdón, y devolver ese cuidado que nos ofrecen. Cuidar y dejar que nos cuiden.

Y lo último que me gustaría destacar, es intentar dar la vuelta a este tiempo y dedicárnoslo a nosotros mismos en la medida que podamos, volcarnos en recuperar aquellas actividades que dejamos de realizar por carencia de tiempo, dedicarnos al cuidado propio, tanto físico como emocional, dedicar tiempo a escucharnos a nosotros mismos, simplemente a escuchar el silencio, para ayudar a nuestra mente a estabilizarse, querernos, muy tópico sí, y muy olvidado también.

Con todo ello me gustaría finalizar, recordando que ni yo ni nadie nos pueden ofrecer milagros, y que cada persona es un mundo en sí mismo y además de sus factores personales e internos, no todos vamos a reaccionar exactamente igual ante el mismo problema, existen factores externos.  La situación actual es una circunstancia externa, no es culpa nuestra, pero nos está afectando personalmente, y de ahí la motivación de redactar estas palabras, con el deseo de poder llegar a las personas, desde otra persona más.