Reflexiones clínicas

A día de hoy parece difícil discriminar entre terapias adecuadas y no adecuadas. Tanto en la medicina, como Psicología como en todo lo que engloba la ciencia se utilizan perspectivas en las que se anula al individuo a la hora de enfocar el tratamiento de sus enfermedades. Quizás nos resulte más sencillo trocear y separar a cada persona y verla así, por un lado signos y síntomas y distintas soluciones sin pararnos a ver como éstos afectan al conjunto. Estos ámbitos quedan reducidos a especialidades, y en cuanto los síntomas de zonas concretas dejan de verse, la persona, convertida en paciente, dejara de importar a ese especialista. Esto supone un problema tanto para la persona que sufre como para la sanidad, ya que esa persona en concreto mostrara otra serie de síntomas detonados en otra zona para poder expresar la molestia que no se está tratando, por lo que irá pasando de un especialista a otro, hasta que posiblemente se derive a consultas de psiquiatría o psicología, o se de por vencido y perdido.

Todo esto supone grandes pérdidas de tiempo, económicas y sobre todo la persona queda atrapada en su desesperación.

Considero que con los avances tecnológicos y sociales y culturales, nos llevan a una falsa sensación de control y seguridad dónde no podemos permitirnos reducir el ritmo de vida, quedando atrapados en rellenar nuestro tiempo vital con que haceres diarios y preocupaciones banales que centran nuestros pensamientos. Si tenemos un dolor hay que placarlo para seguir adelante, si tenemos ansiedad también utilizaremos medicación para poder seguir…para cualquier molestia parece que ya disponemos de cualquier forma farmacológica de paliarlo. Y cuando la farmacología no llega existen otras corrientes, algunas naturistas, otras científicas, etc, que a través de altos costes nos prometen soluciones, y nos agarramos a ellos como a una clavo ardiendo buscando la mayor eficacia y rapidez, para…para poder seguir nuestras rutinas.

Claro que la medicación y ciertas sustancias etc, están ahí, y nos sirven para ciertos momentos, pero quizás sea importante plantearse porque nuestro propio cuerpo se expresa a través de tales síntomas, tratar de interpretarlo y entenderlo…escucharlo de algún modo. Todos (facultativos, etc) caemos en la propia trampa de intentar paliar malestares, caemos en el juego de la presión dolorosa y entramos en esa dinámica. Pero el malestar y el tiempo no siguen las reglas que nosotros entendemos. En el día a día encontramos trastornos y problemas que van más allá de patologías propiamente dichas, y para calmar la angustia que nos suponen tratamos de llenar con objetos externos, con el fin de llenar ese espacio o vacío que supone la propia falta, sin darnos cuenta de que esas conductas que realizamos sólo aumentan esa sensación, sólo aumentan ese saco imaginario que queremos llenar y nunca quedara saciado. Creemos fielmente que la satisfacción plena es posible a través de la inmediatez de cualquier objeto (objeto, persona, etc), cuando la esencia del ser humano es precisamente eso.

Resulta difícil pararse y no perderse por el camino, y tratar de escuchar a nuestro cuerpo, a nuestra mente, dejando de un lado el discurso social que nos ilusiona con que todo lo puede. Sabemos que el cuerpo es especialmente sensible a reflejar los conflictos intrapsíquicos.

Una de las primeras cosas que tendríamos que entender es que cada individuo e uno en sí mismo, es su propio todo, y a partir de ahí, sin sesgarlo y convertirlo en portador de enfermedad, centrarnos en comenzar a escuchar, interpretar, salvando al mismo tiempo las represiones del lenguaje inconsciente.