La pareja y relaciones significativas en estos tiempos de crisis

ADIMU Departamento de Atención Psicológica Integral de la Mujer, la Pareja y la Familia

La pareja y relaciones significativas en estos tiempos de crisis
Psic. Eduardo O. Martínez

En estos tiempos de crisis aparece con más fuerza la problemática que gira alrededor de la pareja. Los que tienen pareja manifiestan su desencanto, su hastío y el que no la tiene responsabiliza al hecho, su infelicidad a veces con una candidez que llama sospechosamente la atención, por qué digo sospechosamente, porque cuánto habrá hecho esta persona a veces objetivamente interesante, para no correr el riesgo de una herida de amor.
Al referirme al amor me refiero a algo mayor, más amplio, una postura de vida, una actitud ante la vida.

Cuando empezamos a diagramar esta exposición, lo primero que nos preocupó fue cómo ser entendidos en cuanto a resignificar conceptos «mal tratados», «tratados mal», como algo no científico. Cuando empezamos a debatir nos llamó la atención la dificultad en hablar del amor, siendo que el amor es la esencia de toda relación y el sentido último de toda existencia. Esto lo podemos encontrar en cualquier tratado de filosofía, que es la madre de todas las ciencias.

Entonces ¿qué es el amor? Es una ilusión, una espera, es estar con un ser, en la espera que ese ser, ese otro, me «colme», me «llene», y esperar esperamos siempre. El amor es una ilusión tan extraordinaria, tan fecunda. Hay un mundo real a partir de esa ilusión. El amor es aire, es nada, pero de ese aire, de esa nada surgen cosas reales como un bebé, por ejemplo. Por más divorcios que haya, por más rupturas, a pesar de la disolución de los valores familiares, de la declinación de la figura del padre y todo lo demás, el ser humano necesita amar y de esta manera está expuesto al dolor.

Quien reconoce que a amar se aprende, adquiere capacidad para amar y ser amado. Cómo lograr que los ame, cómo ser dignos de amor. La gente cree que amar es sencillo y lo difícil es encontrar un objeto apropiado para amar o para ser amado por él. Muy antiguamente el matrimonio se efectuaba por un convenio entre las respectivas familias sobre la base de consideraciones sociales, pero luego surge la idea del amor romántico. Un error frecuente lleva a suponer que no hay nada que aprender sobre el amor y radica en la confusión inicial de enamorarse y la situación permanente de estar o permanecer enamorado. Al comienzo dejan caer barreras que los separan y se sienten cercanos, se sienten uno, ese momento de unidad constituye uno de los más estimulantes y excitantes de la vida, y resulta aún más maravilloso y milagroso para aquellas personas que han vivido encerradas, aisladas, sin amor. Luego estas dos personas llegan a conocerse bien y su intimidad pierde cada vez más su carácter mágico, hasta que su antagonismo, sus desilusiones, su aburrimiento mutuo terminan por matar lo que puede quedar de la excitación inicial.

Pero al comienzo consideran la intensidad del apasionamiento, ese estar «locos» el uno por el otro, como una prueba de la intensidad de su amor, cuando sólo muestra el grado de su soledad anterior. Hay abrumadoras pruebas de que no es fácil amar, no existe ninguna otra actividad o empresa que se inicie con tan tremendas esperanzas y expectativas y que, no obstante, fracase tan a menudo como el amor. Si esto ocurriera con cualquier otra actividad, la gente estaría

interesada en conocer los motivos del fracaso y por corregir los errores que a menudo repite. Por eso se hace necesario examinar las causas del fracaso y estudiar el significado del amor. El primer paso es tomar conciencia que a amar se aprende, tal como se aprende a vivir, como se aprende cualquier arte, música, pintura, carpintería, y de este proceso de aprender se irán despejando dudas, ampliando conocimiento ¿quién soy? ¿quién es el otro? ¿los otros? ¿qué significado le adjudico? y de allí surgirá mi intuición. Entonces es necesario resignificar que las rupturas amorosas pueden ser parte de un proceso de aprendizaje.

Antes decíamos que el amor es una ilusión, una espera, pero no una espera azarosa, ya que a partir de un mayor conocimiento de uno mismo, mi intuición hará que no me mueva en un mundo de sombras, porque siempre quien me llena, me completa, tiene que ver con mi persona, en la medida que el amor es el rasgo. Lo importante del tema del amor no se refiere solamente a la pareja, de allí al título de esta exposición, «Relaciones significativas», porque como decíamos, una actitud ante la vida, una orientación del carácter que determina el tipo de relación del mundo como totalidad, no como objeto amoroso, pues en este caso si es indiferente al resto de sus semejantes, su amor no es amor, sino una relación simbiótica, un egoísmo ampliado. La mayoría supone que el amor está constituido por el objeto, no por la facultad, y la prueba de la intensidad de su amor es que aman a una determinada persona, es una falacia, no comprenden que el amor es un poder del alma, creen que lo único necesario es encontrar un objeto adecuado, y que después todo viene solo, y va a completar «todo».

Únicamente podré amar a una persona si amo al mundo, si amo la vida, si me amo a mí mismo. Sí puedo decirle a alguien «te amo», debo poder decir amo a todos en tí, a través de tí amo al mundo, en tí me amo a mí mismo.

Es importante agregar aquí algo respecto a este amarse a sí mismo. Surgen interrrogantes. ¿Es el amor a sí mismo un fenómeno similar al egoísmo, o son opuestos? ¿Es el egoísmo idéntico al amor a sí mismo, o es la causa de la falta de este último? Es necesario explicitar ciertas premisas psicológicas básicas: No sólo los demás, sino nosotros mismos, somos «objeto» de nuestros sentimientos y actitudes: las actitudes para con los demás y para con nosotros mismos, lejos de ser contradictorias, son básicamente conjuntivas. El amor a los demás y el amor a nosotros mismos no son alternativas. Por el contrario, en todo individuo capaz de amar a los demás se encontrará una actitud de amor hacia sí mismo. El amor genuino constituye una expresión de la productividad y contiene ciertos elementos básicos.

Elementos básicos comunes

* Cuidado
* Respeto
* Responsabilidad
* Conocimiento

Cuidado: amor de la madre por su hijo, alimentarlo, bañarlo, proporcionarle bienestar físico. El amor es la preocupación activa por la vida y el crecimiento de los que amamos. Cuando falta preocupación activa no hay amor. La esencia del amor es trabajar por algo, hacer crecer, amor y trabajo son inseparables. Se ama aquello por lo que se trabaja y se trabaja por lo que se ama.

Responsabilidad: Hoy en día suele usarse el término para denotar un deber, algo impuesto desde el exterior, pero la responsabilidad en su verdadero sentido es un acto enteramente voluntario, satisfactorio, gratificante. Constituye mi respuesta a las necesidades expresadas o no de otro ser humano. Ser responsable significa estar listo y dispuesto a responder.

Respeto: La responsabilidad podría degenerar fácilmente en dominación y posesividad, si no fuera por un tercer elemento del amor: el respeto. Denota, de acuerdo con la etimología latina de la palabra (specere: mirar, observar), la capacidad de ver a una persona tal cual es, tener conciencia de su individualidad única. Respetar significa preocuparse porque la otra persona crezca y se desarrolle tal como es, en la forma que le es propia, y no para

servirme: ausencia de explotación. El respeto sólo existe sobre la base de la libertad. El amor es hijo de la libertad, nunca de la dominación. «L’amour est l’enfant de la liberté» dice una vieja canción francesa.

Conocimiento: Respetar a una persona sin conocerla no es posible. El cuidado y la responsabilidad serían ciegos si no los guiara el conocimiento.

Cuidado, respeto, responsabilidad y conocimiento son mutuamente interdependientes, constituyen un síndrome de actitudes que se encuentran en la persona madura, esto es en la persona que desarrolla productivamente sus propios poderes. Amar a alguien es, por lo tanto, la realización y concentración del poder de amar. Entonces mi propia persona debe ser objeto de mi amor al igual que lo es la otra persona. ¿Cómo explicamos ahora el egoísmo que excluye evidentemente toda genuina preocupación por los demás? La persona egoísta sólo se interesa por sí misma, desea todo para sí misma, no siente placer en dar, sino únicamente en tomar. Considera al mundo exterior sólo desde el punto de vista de lo que puede obtener de él, carece de interés en las necesidades ajenas y de respeto por la dignidad e integridad de los demás. Juzga a todos según su utilidad, es básicamente incapaz de amar. El egoísmo y el amor a sí mismo, lejos de ser idénticos son realmente opuestos. El individuo egoísta no se ama demasiado, sino muy poco; en realidad, se odia. Tal falta de cuidado y cariño de sí mismo, que no es sino la expresión de su falta de productividad, lo deja vacío y frustrado. Parece demasiado preocupado por sí mismo, pero, en realidad sólo realiza un fracasado intento de disimular y compensar su incapacidad de cuidar de su verdadero ser. Los egoístas son incapaces de amar a los demás pero tampoco pueden amarse a sí mismos. Si uno no se cuida a sí mismo es expresión de desarrollo hacia otro. A mí que me quieran como soy. Uno se sabe muy querible, le puede creer a otro que lo quiera, no duda.

Cuando decíamos que a amar se aprende. ¿Cuándo comienza este aprendizaje? Desde el nacimiento. Comienza su aprendizaje del amor en una actitud pasiva: ser amado, esto lo percibe a través de gratificaciones, de necesidades individuales, alimento, calor, caricias, aún no ama, sólo responde con gratitud y alegría al amor que se le brinda. Luego en el cuadro del desarrollo infantil aparece un nuevo factor, un nuevo sentimiento de producir amor por medio de la propia actividad, ya no se contenta con ser amado, piensa en dar algo a sus padres, en producir algo, un garabato, un dibujo, lo que fuere. Por primera vez en la vida del niño, la idea del amor se transforma de ser amado a amar, en crear amor. Muchos años transcurren desde este primer comienzo hasta la madurez del amor. Dar es más satisfactorio, más dichoso que recibir. El amor infantil sigue el principio «Amo porque me aman». El amor maduro obedece al principio: «Me aman porque amo».

Ahora bien, lo esencial en la existencia del ser humano es el hecho de que ha emergido del reino animal, de la adaptación instintiva, de que ha trascendido la naturaleza. El ser humano sólo puede ir hacia adelante desarrollando su razón, encontrando una nueva armonía humana en reemplazo de la prehumana. Cuando el ser humano nace se ve arrojado de una situación definida, tan definida como los instintos, hacia una situación indefinida, incierta, abierta. El ser humano está dotado de razón, es vida conciente de sí misma, tiene conciencia de sí mismo, de sus semejantes, de su pasado y de las posibilidades futuras. Esa conciencia de sí mismo como una entidad separada, la conciencia de su breve lapso de vida, la conciencia de su soledad, de su separatividad, de su desvalidez frente a las fuerzas de la naturaleza y de la sociedad, todo ello hace de su conciencia separada y desunida, una insoportable prisión. Se volvería loco si no pudiera liberarse de su prisión para unirse a otros seres humanos y con el mundo exterior.

Por eso amar es más importante que ser amado. Al amar ha abandonado la prisión de soledad y aislamiento que representaba el estado de narcisismo y autocentrismo. Siente una nueva sensación de unión, de compartir, de unidad. O sea supera la separatividad.

Deberíamos preguntarnos si este lugar de soledad, de aislamiento, es un lugar elegido. Más bien deberíamos considerar que se trata de alguien que ha perdido su alternativa. Pero amar no es una alternativa. Es importante por tanto investigar profundamente los obstáculos que le impiden alcanzar este objetivo máximo, sublime. Cuando hablamos de amor no podemos evitar introducirnos en el tema del dolor puesto que amar significa estar expuesto al dolor. El dolor es ruptura brutal del amor. En todo el desarrollo del individuo se van registrando experiencias de pérdidas que dan lugar al dolor. El dolor está presente en todo ser humano.

Vamos a enunciar cuatro objetos de amor:

* La persona amada (padre, madre, esposo/a, hijo, hermano, amigo muy querido)
* Nuestra propia imagen nutrida gracias al otro que nos reconoce
* La imagen corporal
* El amor del ser amado, el amor que el otro me otorga, y agregaríamos el amor que ya no tengo a quien dar

Perder de manera súbita, sorpresiva, cualquiera de esas relaciones implica dolor en sus cuatro formas:

* duelo
* humillación
* mutilación
* abandono

Perder, decíamos entonces, de manera súbita, sorpresiva, brutal, provoca dolor. El dolor tiene que ver con la certeza, con lo inmediato, con la sorpresa, la angustia, con la duda, lo lento, la previsión, la anticipación del peligro, el dolor es imprevisible, una especie de rayo que hunde, que quiebra a las personas. Pero lo complejo de todo esto es que las heridas de amor sólo las cura el amor. ¡Qué difícil es ir nuevamente en busca del amor si uno ha quedado tan herido! Pero recordando que el amor es aprendizaje, una ruptura puede tener una lectura diferente. Es necesario abandonar el mito popular de fracaso rotulando toda ruptura de amor, siendo que desde un punto de vista evolutivo, se capitalizan errores y se está en una posición superior respecto a la anterior, diríamos que contiene a las anteriores, se avanza hacia una mayor completud. Sería oportuno clarificar aquello de «me dejan», reconocer mi propio aspecto contenido en esto. Es importante señalar también que es necesario tomar contacto con el dolor, que no se reniegue del dolor de la pérdida, tomar conciencia de la pérdida, y de la crisis personal que dicha pérdida acarrea. Porque ruptura es crisis, cambio, cambio de hábitos relacionados con la otra persona, reacomodación de tiempos, espacios, esto necesariamente provocará una crisis, y ésta implica dos posibilidades:

* catastrófica
* posibilidad de cambio

Como consecuencia de toda ruptura emergen cuatro sentimientos: dolor, odio,
angustia y culpabilidad. Los mismos están ligados entre sí, pero no hayamos
hilo que los reúna a todos juntos. Salvo el tema del amor que es una
especie de telón de fondo. La angustia y el dolor son cosas distintas, la
angustia es el sentimiento de la amenaza, de un peligro que puede ocurrir,
nosotros estamos angustiados porque dudamos de que algo pueda pasar. El
dolor es un sentimiento de lo inmediato, de lo certero, es la reacción a la
herida presente. La angustia femenina es la angustia de ser abandonada por
el ser amado, la angustia del hombre es perder una parte de él que tenga
valor fálico (puesto, dinero, algo que para él tenga poder). Para la mujer
el valor fálico, no para todas, es el amor del hombre, porque aquí está «yo
soy reconocida», por consiguiente existo. Estos límites se están
desdibujando, ya casi no se puede hablar de una diferencia
femenino-masculino, para el hombre también es importante «ser reconocido».
La culpa es bien narcisista, es una angustia entre yo y yo (dúo). En este
segundo tiempo, es uno mismo que se trata mal, porque ha cometido una
falta. Cuando se confiesa: Disculpame, te he engañado, me arrepiento, se
está buscando que a uno lo castiguen: «es esta culpa lo que hace que se
necesite sacarse esa angustia, liberarse de esta opresión, por eso se
arrepiente. Pero la culpa puede convertirse en síntoma, porque hay sujetos
que al revés de los que sienten culpa y se arrepienten; éstos necesitan de
la angustia, si no la tienen la buscan, porque es una forma de tener miedo,
como si dijesen, la vida no es bastante peligrosa. Podemos agregar con
respecto a la culpa que el odio está escondido en cada culpa, la culpa es
una manera indirecta de hacerse mal porque él no se quiere y quiere
castigarse.

Síntomas

Es probable que ante una situación de pérdida, la palabra quede atrapada,
«de eso no se habla», aparecen en ese espacio, o es muy probable que del
área de la mente se pase al área 2 – cuerpo, y sea éste quien tome la
palabra en forma de síntomas. Es necesario tomar al síntoma como signo
positivo de cambio. Desciframiento psicológico del síntoma. Producido el
síntoma implica la continuidad de un eterno presente, y puede transformarse
en experiencia catastrófica. Aunque es posible trabajar día a día sobre él.
El síntoma es expresión de necesidades.

La función del psicólogo es traducir un síntoma, traducirlo en palabras y
que el paciente lo incluya en su discurso haciendo propias dichas palabras,
o el registro de una nueva perspectiva de evaluación. No se cambia cuando
se cambia de conducta, sino cuando cambia la perspectiva de evaluación, de
lo cual el cambio de conducta no será voluntario sino consecuente y
natural. El síntoma como campo de conocimiento de uno mismo es de enormes
perspectivas, pero en tanto fisura en general se oculta. Escuchamos el
dolor de nuestro síntoma pero no entendemos ni registramos qué nos dice.

Cambio entonces, significa incursión en lo desconocido, comprometerse con
hechos futuros que no son previsibles y enfrentar consecuencias, esto sin
duda crea ansiedad, depresión y también estimula la tendencia a conservar
lo conocido, familiar, a través de la compulsión a la repetición, como
mecanismo de defensa a veces patológico ante lo nuevo. Es posible sostener
situaciones seriamente conflictivas, carentes de sentido favorable, de
crecimiento para el individuo, por temor a ese abismo que a veces aparece
como amenazante para la integridad, identidad del individuo. Una primera
evidencia del cambio es la conciencia de las conductas repetitivas. La
conciencia crítica deja de percibir las conductas repetitivas como
naturales. El cambio es, en primera instancia, experiencia de la
imposibilidad de seguir actuando según cánones habituales, y en segunda
instancia, conciencia crítica de los contenidos conflictivos de las
conductas repetitivas. La conciencia crítica aparece fundada en la
evidencia de la disfuncionalidad creadora de las conductas repetitivas.
Estas dejan de ser espontáneas, decíamos o automáticas, para convertirse en
problemáticas.

Las crisis desencadenan en el individuo ansiedad, constituyen los zig-zags
del desarrollo personal frente a cada logro que operan como avanzadas de
cambio hasta la situación definitiva: ser un hombre situado, comprometido y
adaptado activamente. El sujeto establece una relación dialéctica con el
mundo y transforma las cosas: de cosas en sí, en cosas para sí. A través de
una praxis permanente, en la medida en que él se modifica, modifica el
mundo, en un movimiento de permanente espiral.

1 comment for “La pareja y relaciones significativas en estos tiempos de crisis

  1. Pedro Aravena T
    febrero 17, 2014 at 4:42 pm

    Interesante, especialmente para ser mostrado a parejas que pasan por momentos de complejidad temporal. Así se les puede ayudar, junto a otra terapia alternativa.

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