Los recuerdos encubridores y la memoria

Freud Habla de la «infidelidad de nuestra memoria», dice que la memoria «mutila» los recuerdos y que sólo accedemos a «jirones» de recuerdos incomprensibles, o que la memoria está «falseada»: «nuestra memoria (…) no conoce garantías ningunas». Un buen ejemplo para tratar esto son los recuerdos encubridores.

Fenomenologia: Sobre los recuerdos encubridores (1899)

Freud asevera, basándose en el trabajo de los Henri, que en cuanto al surgimiento de la capacidad de recordar se observan diferencias entre los infantes estudiados en la muestra: lo interesante es que aquellas personas que guardan recuerdos que datan a partir del año de vida, no solo guardan esos recuerdos sino que conservan otros posteriores, y que la reproducción continua como una cadena de hechos sucesivos parece adquirirse en estos niños antes que en aquellos que tienen sus primeros recuerdos mucho tiempo después. En síntesis, para Freud lo que se anticipa o se retarda no es solo la emergencia temporal de recuerdos sino la capacidad integra de recordar. Entonces vincula este fenómeno a los contenidos impresos en esa temprana edad, pero después los descarta como causa del recuerdo de acontecimientos. Encuentra con asombro que, en muchas personas, sus primerísimos recuerdos no recaen sobre hechos importantes sino todo lo contrario, refieren circunstancias diarias que no hubieran bastado para provocar un gran impacto en los niños, no obstante lo cual se recuerdan con gran detalle (“Hiperrelieve”). Otra característica relevante es que en ese tiempo, y relatado por los padres, el niño ha padecido un hecho impactante o que habría sido digno de atención por parte del mismo, y de lo cual, sin embargo, no registra recuerdo alguno.

Freud encuentra estas experiencias en personas neuróticas, y la declara comunes. Respalda una explicación de este fenómeno dada por los Henri: “La escena en cuestión quizás solo se conservo incompleta en el recuerdo, justamente por ello parece no decir nada”. Los elementos reprimidos son los que daban importancia a tales recuerdos, es decir, hay otro lugar (huellas mnemicas del inconciente) y es allí donde estos son registrados y donde se depositan ciertas experiencias fundamentales; esto motiva que se registren hechos nimios y comunes. Hay otra memoria, y allí descubre Freud que se guarda lo más importante.

¿Por qué se reprime lo importante y se conserva lo indiferente? (F) mecanismo de compromiso en la formación de estos recuerdos. Hay una lucha entre dos fuerzas: una quiere recordar la experiencia, otra quiere olvidarla (resistencia). De estas fuerzas surge una suerte de negociación:

En este sentido ambas fuerzas obtienen algo de lo que buscan (pero el caro precio del olvido): la resistencia obtiene su cometido en el hecho de que no es la experiencia la que se conserva en el recuerdo, pero tiene que asumir el mandato de la otra fuerza, con lo cual otro elemento asociativo, que esta próximo en la cadena, es tomado como representante mnémico. Pareciera como si se dijera: Es necesario que algo se recuerde, “algo debe expresarse” (lenguaje de la pulsión), pero no se puede decirlo según el mismo lenguaje. Entonces el mecanismo que prima para resolver el conflicto es la sustitución por desplazamiento, guardando así el recuerdo de un hecho trivial.

Freud explica que como fue la situación importante la que provoco el choque, es entonces lógico que lo que observemos sea un hecho trivial y no algo decisivo. El motivo de la presencia de ese recuerdo, en la memoria, era tener una relación con otro (reprimido).

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