¿Qué pasa conmigo? Esto que siento, ¿es ansiedad o estrés?

En el uso común de los términos psicológicos terminamos confundiendo lo simple con lo complejo o viceversa. A todo evento que nos resulte desagradable y nos ponga nervioso lo tildamos de “estrés”. Pero no siempre es así. De igual manera, con absoluta liviandad, nos autodiagnosticamos, diagnosticamos a otros, o ellos a nosotros, de padecer “ansiedad”, “depresión” o “estrés crónico” si presentamos determinamos síntomas.

No olvidemos que un diagnóstico siempre lleva un tiempo determinado, una forma particular de hacer la evaluación y un cotejo profesional de la sintomatología que presenta una persona, sea niño, adolescente o adulto. Puede ser un profesional de la psicología y, en determinados casos, en conjunción con un médico psiquiatra.

Pero esto que yo siento, ¿es ansiedad o estrés? ¿Cómo me doy cuenta si debo pedir ayuda para hacer frente a síntomas que no puedo controlar?

Compartimos un cuadro con síntomas específicos y fíjate si puntúas en la mayoría de ellos:

Síntomas de la ansiedad y el estrés

  • Nerviosismo, agitación: sin motivo aparente me siento nervioso, alterado, una especie de agitación interna me hace sentir intranquilo aunque no se note en mi exterior.
  • Tensión: no puedo relajarme, la mayor parte del tiempo estoy tenso, preocupado, mis músculos están rígidos, me duele la espalda, me despierto con contracturas.
  • Sensación de cansancio: pero si no he hecho nada a nivel físico. He estado la mayor parte del día sentado. Es que la tensión, el nerviosismo y los pensamientos angustiosos no me permiten relajarme. Es cierto que el agotamiento mental es más difícil de sobrellevar que el físico.
  • Vértigo: siento que pierdo el eje, aún estando sentado o acostado todo gira, pero no es un mareo común, es como perder toda noción de cómo estar en equilibrio. Me sucede en mitad de la noche, o bien por las mañanas ni bien me incorporo en la cama. También me llegan de improviso en medio de cualquier actividad o estando sentado sin estar haciendo algo particularmente exigente.
  • Frecuencia de micción: tengo ganas de orinar todo el tiempo. No es que haya ingerido demasiado líquido pero es una sensación incómoda de hiperactivación de la vejiga.
  • Palpitaciones cardíacas: por momentos siento que el corazón se escapa al ritmo normal. Pongo mi mano sobre él y, sin motivo aparente, las palpitaciones van a un ritmo apresurado y diferente del normal.
  • Sensación de desmayo: me siento lívido, parecería que el cuerpo no está bien enraizado en el suelo, una especie de sensación extraña recorre mi cuerpo y, sobre todo, en el estómago. Me cuesta mantener la compostura y estoy seguro voy a perder el conocimiento.
  • Dificultad para respirar: es tanta la presión que siento a nivel mental que la angustia me sofoca, no siento deseos de llorar, pero parecería que el aire despareció y no entra una gota de oxígeno en mi interior. Debo tomar grandes bocanadas para sentir que respiro.
  • Sudoración: las manos me transpiran y aunque no haga calor me transpiran las axilas. He hecho todo lo posible por mantenerme calmo, disimulando mi malestar, tratando de estar bajo control y parece que esto es peor para la transpiración.
  • Temblor: me tiemblan los músculos del cuerpo, me cuesta mantener la flexibilidad y confianza en mis movimientos. No lo puedo controlar por más que intente relajarme.
  • Preocupación y aprensión: me preocupo por cuestiones que aún no suceden y ni siquiera sé si van a suceder. Siempre me hago los peores escenarios en mi cabeza y nunca termina sucediendo lo peor. Los pensamientos son intrusivos, toman toda mi mente y la tiñen de miedos y preocupaciones sin que haya un motivo específico.
  • Insomnio: me acuesto muerto de sueño y ahí estoy, una hora, dos horas, tres horas y nada de poder dormir, tan solo dando vueltas. Las peores cosas suceden en mi mente en las madrugadas. O bien caigo rendido pero me despierto, de súbito, en mitad de la madrugada, ya sin poder volver a conciliar el sueño.
  • Dificultad para concentrarse: me hablan y aunque parece que les escucho en realidad mi mente no para, estoy anticipando lo que vendrá después, estoy lidiando con la sensación de que he olvidado algo importante. Quiero leer y no puedo. Quisiera ver una película pero pierdo el argumento. Me cuesta terminar las actividades en el trabajo o en casa porque la mente queda colgada en dar vueltas a situaciones que no existen pero que anticipo en todo momento.
  • Vigilancia: estoy hiperalerta, me sobresalto ante los mínimos estímulos, tanto en casa como en la calle. No puedo transitar tranquilo porque la alarma de un auto, el ladrido de un perro, una bocina, una sombra me hacen sobresaltar y mi corazón se dispara ante el miedo inminente de que algo malo ocurrirá.

Si te has identificado con la mayoría de estas autodescripciones y síntomas, y logras darte cuenta que hace, como mínimo, uno o dos meses que los sientes, y no los puedes controlar, estás transitando un cuadro de ansiedad elevada. No es estrés. No es simple cansancio.

Con breves ajustes en las rutinas y hábitos diarios, así como la consulta con un profesional, en el momento oportuno, se puede identificar sus causas y encauzar un estilo de vida saludable, calmo y de autocuidado.

Los cuadros de ansiedad no se afrontan mediante un esfuerzo de control ni de negación, sino buscando la ayuda especializada para aprender a convivir con ella y así tener un estilo de vida consciente, compasivo y de cuidado personal.

Para agendar consultas o por asesoramiento psicológico comunícate al cel.: 099 911 842, de Lunes a Viernes de 8.00 a 20.00.

Web: www.consultoripsicologico.wordpress.com

FB:@licanaclaudiamartinez

Dirección del Consultorio Psicológico: Burnett entre Suiza y Rotonda de bomberos (Maldonado, Uruguay).

Lic. Ana Claudia Martínez

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