Dieta cultural

En un post reciente hablaba de cómo construirnos un mantra positivo: colección de sonidos, palabras o frases para motivarnos, aumentar nuestra autoestima o facilitar la emoción de la alegría.

El poder de la palabra, ciertamente, es inmenso e intenso. Pero no sólo de palabras se nutre nuestro bienestar personal. El arte de «estar bien», que es un verdadero arte, y como tal, requiere de disciplina y dedicación, pero también de capacidad de gozo y disfrute, es un arte que se alimenta de muchos elementos importantes, pero sólo uno de ellos es imprescindible: la VIDA.

Aprender a estar bien es aprender a vivir la vida.

Y esto no quiere decir que tengamos que vivir cada día como si fuera el último, o que tengamos que sacarle jugo a todo, o visitar cada rincón del mundo, o vivir miles de experiencias sin fin… Uf, todo eso es muy estresante. Pero tampoco podemos quedarnos quietos esperando a que la vida nos pase. La vida, recuerda, no es lo que no pasa, es lo que TÚ HACES con tu vida. La vida se construye paso a paso, experiencia a experiencia, y cada experiencia, nutre nuestro sentido de la vida y alimenta nuestro bienestar.

Incluso la experiencias malas. Incluso aquéllas que son muy malas. Porque a través de éstas aprendemos, mejoramos, crecemos. Tanto las experiencias positivas como las que tienen un carácter negativo, son lecciones de vida, porque de todas ellas podemos extraer un aprendizaje bueno para la vida.

Y de la cultura. Por supuesto, también de la cultura podemos exprimir ese aprendizaje vital. No sólo cuando creamos, sino cuando somos meros receptores ¿pasivos? No, siendo receptores activos. Porque cuando nos cuentan una historia, ya sea a través de la música, la literatura o el cine, cada uno de nosotros la recrea en su imaginación con una gama de tonos y colores distintos, le da un significado único, la vive de una forma irrepetible. Por eso leer un libro, ver una película o escuchar una canción es también hacer, es también pasar por una experiencia, es también vivir. Por eso, hay escenas filmadas, piezas musicales y páginas de literarura que suponen toda una lección de vida.

Así que, te propongo que hagas igual que con los pensamientos y las palabras: ¡vamos a construirnos nuestro propio arsenal de cultura positiva! Es decir, vamos a diseñar una dieta cultural que sea rica en positividad, inteligencia emocional y fortalezas y virtudes humanas, y que nos sirva para alimentar nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestra autoestima.

Historias de superación, héroes de lo cotidiano, cantos a la alegría y a la paz interior… Todo tiene cabida en esta dieta, pero como sé que no es tarea fácil construirla, voy a dedicar las siguientes semanas a indagar en los medios que he mencionado antes, música, literatura y cine, para ofrecerte varios ejemplos.

Sólo serán eso, buenos ejemplos que espero te inspiren a encontrar tus propios modelos. Es tarea tuya la de diseñar tu propia dieta cultural, que te ayudará a hacerte más fuerte tanto en el plano mental como en el emocional. Cada uno de nosotros construye su propia vida. Así que hagamos algo bonito.