El deseo, motor de nuestra vida

Definir el deseo no es una cuestión fácil. Precisamente, es el Psicoanálisis la disciplina que más se ha ocupado de dicho concepto, tan útil y efectivo en nuestra vida.

El deseo implica aceptar que somos seres “sexuados”, que tenemos un cuerpo pulsional, siempre en funcionamiento, y no meramente un cuerpo “fisiológico”.

Las pulsiones están actuando en nosotros de manera constante: hay dos grupos fundamentales: las pulsiones “eróticas”, que nos llevan a la búsqueda del placer, el bienestar, la novedad, las relaciones, el amor, la creatividad y la genitalidad y las pulsiones “de muerte”, que nos empujan hacia el dolor, el odio, el sufrimiento, el malestar, la destructividad y la “anti-creatividad”. Ambas pulsiones están relacionadas y coexisten, aunque en distintas proporciones.

Para ilustrar esta dualidad pulsional, me parece fascinante la fábula de “la rana y es escorpión”. Más o menos esta fábula dice así:

“Había una vez una rana sentada en la orilla de un río, cuando se le acercó un escorpión que le dijo: —Amiga rana, necesito cruzar el río. ¿Podrías llevarme en tu espalda? —No. Si te llevo en mi espalda, me picarás y me matarás. —No seas tonta —le respondió entonces el escorpión— si te picase, me hundiría contigo y me ahogaría. Ante esta respuesta, la rana accedió. El escorpión se colocó sobre la espalda de la rana y empezaron a cruzar el río. Cuando habían llegado a la mitad del trayecto, el escorpión picó a la rana. La rana, al sentir picotazo y darse cuenta que iba a morir, le preguntó al escorpión: —¿Por qué me has picado, escorpión? ¿No te das cuenta de que tú también vas a morir? A lo que el escorpión respondió: – Rana… mi amiga, no lo pude evitar, porque es mi naturaleza”.

La naturaleza humana está llena de deseos. A veces prevalece el deseo hacia la vida, a veces el deseo hacia la muerte. En todos nosotros coexiste un “escorpión” (pulsión de muerte) y una “rana” (pulsión de vida). Pero: ¿vamos a dejarnos sofocar por la pulsión de muerte? La mejor manera de lidiar con ella es sublimarla, encauzarla.

Hay una relación entre las pulsiones, los deseos y la sexualidad (tema amplísimo).

Todos tenemos una “energía psíquica” (libido) que se enlaza a diversos objetos. Esta libido busca satisfacerse, busca deseos, objetos. En los sueños, por ejemplos, vemos muy claramente que en ellos aparecen deseos insatisfechos que no se han podido realizar.

La libido necesita circular. El problema es cuando esta “se incrusta”, se solidifica, siendo incapaz de que aparezcan objetos a través de los cuales se pueda satisfacer.

Tanto en la pulsión de vida como en la pulsión de muerte hay una energía (libido) en juego: hacia dónde dirigimos esta energía es algo fundamental.

Los deseos nos mueven, en tanto éstos implican satisfacciones libidinales: “desear estudiar”, “desear viajar”, “desear aprender”, etc., implican poner libido o energía psíquica en distintos objetos.

En todo lo que hacemos hay una energía puesta en juego (actúan unas pulsiones y hay una satisfacción libidinal: deseos).

Víctor Hernández (CENTRO REPSI – Refuerzo escolar/académico y Psicología). www.centrorepsi.blogspot.com.es

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