Depresión

La Organización Mundial de la Salud, proporciona datos que aseguran que en la actualidad, 350 millones de personas sufren depresión en el mundo.

Además, asegura que sufrir  depresión es la primera causa de discapacidad mundial.

La depresión inhabilita y condiciona la visión del mundo que tiene el que la sufre. Dificulta el vivir con plenitud, e incluso con normalidad, el día a día. La persona deprimida vive atormentada y no es capaz de interpretar su realidad de una forma correcta y adaptativa.

Las personas que le rodean le atacan, su contexto le hiere, su vida en general le duele.  No se siente capaz de luchar, de cambiar, de sentir, de disfrutar, de ser feliz. Está deprimido, sufre de depresión.

Sin embargo, no nos damos cuenta, fácilmente, de que la estamos sufriendo. Suelen ser los demás los que nos ven tristes, apáticos, decaídos o hundidos.  Nos resistimos a aceptar que llevamos tiempo estando mal, que somos infelices.

Y es que parece que forma parte de la condición humana el éxito, y el ser felices, por lo que cuando no lo somos, consideramos que hemos fracasado, en algo tan obvio, que nos resistimos a verlo, y sobre todo, a aceptarlo.

“No soy feliz, he fracasado en la vida”. Es demasiado duro para el ser humano aceptar esto, Pero… ¿y si no lo consideramos un fracaso?, ¿y si consideramos que entra dentro de la normalidad el ser feliz como el no serlo?  

Y si… cuando esto suceda lo vemos, lo aceptamos y reconocemos nuestra parte de responsabilidad en ello. Será entonces, cuando debamos comprometernos con nosotros mismos y con la terapia para trabajar a nivel personal,  cambiar, y sobre todo, aprender a gestionar, de una forma adecuada, nuestras emociones.

Y es que el éxito del ser humano debería residir en la capacidad para identificar nuestro estado de ánimo y ser capaces de recuperarlo cuando este sea bajo.

Es decir, darnos cuenta de cuando no somos felices e intentar y lograr serlo. De caernos, darnos cuenta, y levantarnos.

No debemos avergonzarnos, ni escondernos por estar decaídos. Esto entra dentro de la normalidad. Pero no debemos conformarnos con esta condición, con vivir a medio gas.

Es verdad, que cuando el estado de ánimo es bajo y los síntomas que uno sufre, en estos casos, se mantienen en el tiempo, el desgaste que produce en la persona, hace que todo le cueste aún más esfuerzo. Desde levantarse por la mañana, o hacer cosas cotidianas como el aseo personal, vestirse o ir a trabajar,  hablar con gente o salir a la calle, serán sólo algunos de esos aspectos que para una persona deprimida se convertirán en “Misión Imposible”. Por ello, el pedir ayuda, en estos casos, será contar con un pilar en el que poder apoyarse.  Las personas deprimidas desarrollan tal sentimiento de indefensión, que el hecho de poder contar con la ayuda de un terapeuta experto en depresión será lo más recomendable y beneficioso.

Aprender controlar los síntomas, a gestionar las emociones, a reestructurar el pensamiento a través del cual se interpreta la realidad, deberán ser algunos de los objetivos terapéuticos. Aprender a manejar y gestionar las emociones, a relativizar y elaborar una nueva escala de valores (según las circunstancias) serán aspectos fundamentales para trabajar en terapia.

Así pues, contar con la ayuda de un terapeuta, dejarse orientar por una terapia profesional y especializada en el trabajo con el estado del ánimo, será la mejor opción para  dejar atrás la Depresión.

Autora: Marta Camacho Calvo, Psicóloga de Psicomaster S.L.

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