¿Cuándo un niño necesita ir al psicólogo?

Son muchos los padres que se cuestionan la idea de acudir a un psicólogo infantil cuando su hijo muestra conductas desadaptativas. Diferenciar si estas forman parte del proceso normal de cualquier menor o no, les genera dudas sobre si es necesaria una ayuda externa o simplemente deben aceptar lo que sucede como parte de la propia evolución del niño.

Debemos señalar a los padres que se encuentren preocupados por a algún aspecto de la vida de sus hijos o en la familia, que el psicólogo infantil no solo atiende a niños con patologías, sino que además trabaja sobre los problemas cotidianos o las crisis a las que se enfrentan en el día a día. Esto hace que muchas de las consultas se dirijan a dar apoyo y orientación a los padres para solventar los problemas a los que se exponen en la relación con sus hijos.

A continuación definimos algunas situaciones o aspectos que deben ponernos en alerta, para así posteriormente sopesar la decisión de pedir o no ayuda:

  • Presencia de comportamientos no adaptativos o desajustados, de cualquier tipo, así como los déficits en los comportamientos, es decir, que el niño no hable, no interactúe, etc.
  • Problemas a la hora de relacionarse, como por ejemplo que el niño sea extremadamente tímido.
  • Aparecen cambios significativos en la forma habitual de comportarse. Por ejemplo, el niño muestra agresividad, ira, enfado e incluso miedos que antes no existían.
  • Si el niño necesita realizar cualquier tipo de actividad siempre en compañía de sus padres o si muestra un gran estrés ante la separación de sus seres queridos.
  • Cuando en el juego o a través del dibujo se observa algún aspecto fuera de lo común como pudiera ser el uso de colores siempre oscuros, temáticas sobre la muerte o la agresividad, etc.
  • Problemas en casa o fuera de ella, donde el niño muestra un comportamiento muy difícil de manejar y presenta oposición a la obediencia.
  • Presentar baja tolerancia a la frustración. Esto se puede observar cuando al niño se le niegan determinados aspectos y este no los asume desde la calma sino siempre de un modo agresivo, manifestando su insatisfacción con gritos o pegando.
  • Si se descubre alguna alteración en el comportamiento sexual.
  • Cuando sus miedos terminan limitándole la vida, o el temor que muestra es tan extremo que se observa un gran sufrimiento en él.
  • Problemas con la comida que se presentan a diario y suponen un estresor para el menor y una preocupación familiar.
  • Problemas de aprendizaje de cualquier tipo.
  • Conductas o comportamientos no acordes a su etapa evolutiva, como pudiera ser volver a hacer pis en la cama, etc.
  • Tristeza, apatía o sensación de baja motivación durante un largo periodo de tiempo.

Estos son algunos de los motivos más frecuentes que pueden darnos pistas de que algo puede estar sucediendo en el menor y que debemos dar una solución. En una parte importante de los casos no se presenta un diagnostico clínico de relevancia, pero la intervención del psicólogo orientando a los padres y entrenándoles en nuevas habilidades ayuda a solventar el daño que no solo sufre el niño, sino también el que se padece a nivel familiar.

Para el resto de los casos, donde si existe un diagnostico clínico, no cabe la menor duda que el realizar una evaluación y un tratamiento psicológico óptimo permitirán al niño aumentar su calidad de vida y la de los otros. Aprenderá habilidades a la vez que se le aportan recursos que hagan que las diferencias con los otros sean menores, así como minimizar las repercusiones del trastorno, hecho que de otra manera sería más complicado.

Autora: Ruth Zazo Rodríguez, equipo de psicologos de Psicoadapta.es