Consejos para no estresarse en Navidad

Con mayor o menor frecuencia la gente se carga con demasiadas tareas a la vez, debido a que se siente personalmente responsable de todo y a querer hacerlo todo perfecto. Esta sobrecarga genera tensión y preocupación por no poder hacer todo lo que uno se ha propuesto.

 

Y como todos podemos intuir estos sentimientos se multiplican al nivel máximo en estas fechas tan entrañables, donde están tan cargadas de fechas señaladas como; Nochebuena, el día de Navidad, fin de año, Reyes, las compras navideñas en general, etc. Más seguro que alguna otra fiesta y/o comida que celebremos con los amigos que vemos menos durante el año. Todo esto nos puede ocasionar estrés y ansiedad que si no sabemos controlar nos puede entorpecer para poder afrontar todos estos compromisos en un período de tiempo tan corto.

 

Para intentar reducir toda esta sobrecarga es importante realizar con antelación una programación de todo lo que queremos hacer, y que esta sea lo más flexible y realista posible. Teniendo claro lo que queremos hacer pero dejando algún “hueco libre” para los posibles contratiempos que seguro que vamos a tener. Además es interesante realizar todas las compras, regalos, etc.… con tiempo de antelación suficiente y no dejándolo todo al último día y último momento, aunque seguro que en esto todos pecamos. Puesto que de este modo cuando nos surja algún imprevisto tengamos el tiempo suficiente para poder reorganizarnos sin estresarnos y poder hacerlo de forma calmada. Y con mayor probabilidad podremos llevar a cabo todo lo que nos habíamos propuesto disfrutando además del ambiente navideño que se respira en nuestra ciudad y sobre todo con nuestros seres queridos. Al mismo tiempo es importante tener en cuenta que solo nos tenemos que preocupar por aquellas cosas que nosotros podamos modificar o cambiar pero dándole su justa importancia y no más de la cuenta.

 

Una forma de comprobar si uno tiene un número excesivo de cosa que hacer o si no administra bien el tiempo de que dispone es completar cada hora a lo largo de una semana el Registro de Actividades diarias. En la primera columna incluye cualquier actividad realizada a lo largo del día, sin importar si el tiempo dedicado a la misma ha sido grande o pequeño. En la segunda, las actividades no realizadas a pesar de haber estado programadas para ese día. Y en la tercera, las cosas que hubiéramos deseado hacer, pero que ni siquiera tuvimos tiempo para considerar llevarlas a cabo.

 

Si aparecen bastantes actividades en la segunda columna (lo que significa que programamos muchas cosas de las cuales no disponemos de tiempo para hacerlas) y especialmente si la tercera columna indica que hay muchas actividades agradables o placenteras que no tenemos tiempo de hacer, es probable que tengamos problemas con la organización del tiempo: entonces tenemos que repasar la primera columna para comprobar si algunas de las actividades que aparecen son innecesarias u ocupan más tiempo del debido. Parea solucionar el problema de organización del tiempo, son útiles las siguientes Guías:

 

  • Establecer las metas que queremos conseguir. Esto puede hacerse día a día, aunque las metas diarias deben de ir reflejando los objetivos que uno desea conseguir a largo plazo: una semana, mes, año, etc.

 

  • Hacer una lista de las cosas que tenemos que hacer y de las cosas que nos gustaría hacer. Luego decidimos la importancia de cada actividad estableciendo prioridades. Para ello es interesante clasificar las actividades en tres categorías:

ü  Actividades A: Tienen prioridad máxima y deben ser hechas ese día. Algunos días pueden no tener este tipo de actividades.

ü  Actividades B: Son muy importantes y deben hacerse pronto, pero no necesariamente ese día. Estas serán las tareas más comunes y si no se realizan, terminaran por convertirse en actividades A.

ü  Actividades C: Son importantes y finalmente deberán ser llevadas a cabo, pero no muy pronto.

 

  • Para organizar un día podemos seguir los siguientes pasos: Primero anotamos las actividades que deben realizarse a horas determinadas, tales como recoger a los niños, compras, etc. Luego comenzamos por las actividades A y las programamos en momentos en que puedan ser realizadas. Asignamos más tiempo a cada actividad del que inicialmente creamos necesario, para proveer imprevistos e interrupciones. A continuación programamos las actividades B y las concedemos tiempo suficiente para ser realizadas total o parcialmente. Finalmente situamos las actividades C en los horarios sobrantes. Si tenemos que sacrificar alguna actividad, que sea del tipo C o B.

 

Si consideramos que una programación de horarios es demasiado restrictiva  para nosotros podemos algo más práctico, hacer simplemente una lista de las actividades A, B, C para el día, situadas en tres columnas y tachamos conforme vayamos haciéndolas.

 

Al organizar el día es interesante pensar en un orden o secuencia de las actividades a realizar. Por lo tanto tenemos que encontrar el tipo de organización que mejor se adapte a nosotros. Por ejemplo, algunas personas encuentran que el día es más agradable si comienzan con una tarea que hay que hacer y luego siguen con laguna actividad que les gusta. De este modo tienen algo en lo que pensar con ilusión y la tarea desagradable no les ronda en la cabeza todo el día, siempre y cuando sea posible claro.

 

No tenemos que apresurarnos de una actividad a otra. En lugar de esto es recomendable realizar alguna pausa, planeando descansos y momentos para relajarnos y disfrutar, o de otro modo para tomarnos un “kit kat”.

 

Si nos asaltan pensamientos de no tener tiempo suficiente para completar las actividades que nos habíamos propuesto, tenemos que preguntarnos que es lo peor que puede suceder si al final del día nos quedan algunas cosas por hacer o si algo tiene que esperar hasta mañana. Por ejemplo, ¿Qué sucederá realmente si no termino de limpiar toda la casa o me falta algún aperitivo para la cena de Nochebuena? ¿Qué es lo peor que puede ocurrir si me tomo 30 minutos para descansar o relajarme? Así pues nos preguntamos siendo lo más objetivo posible qué es probable que suceda si dejamos de hacer X; si la respuesta es que poco o nada importante, consideramos el dejar de hacer X.

 

Existen además varias pautas útiles para ganar tiempo:

 

  • Delegar responsabilidades: Es probable que algunas o muchas de las tareas que realizamos puedan ser llevadas a cabo por otras personas: miembros de la familia, compañeros de trabajo, subordinados, etc. Por tanto es importante que nos preguntemos qué podemos delegar y en quién. Dos posibles razones para no delegar son, pensar que los otros no harán el trabajo tan bien como nosotros y pensar que cuesta más explicar cómo hacer algo que hacerlo nosotros mismos. Estas formas de pensar son hipótesis que no tienen por qué ser ciertas; además, aunque puedan ser correctas a corto plazo, aunque los demás no aprendieran a limpiar la casa como nosotros lo hacemos, ¿qué pasaría por ello?, ¿qué es lo peor que puede suceder?, ¿el no delegar compensa el tiempo y esfuerzo invertidos?

 

  • Aprender a decir “No”: Un motivo para no acabar las actividades planeadas es tener que satisfacer las demandas inesperadas por parte de otros. A no ser que la demanda sea una cuestión fundamental o inevitable (por ejemplo una orden del jefe), nosotros tenemos el derecho a decir que no tenemos tiempo y que debemos llevar a cabo otras actividades, aunque muchas personas piensan que el decir “no” conduce al rechazo o enfado por parte de los otros, lo cierto es que si se hace de forma apropiada no tiene estos efectos, sino que suele contribuir al respeto mutuo.

 

  • Ajustarse al plan previsto: Al llevar a cabo una actividad, nos tenemos que centrar en la misma y no comenzar otras actividades relacionadas que son innecesarias o no prioritarias. Por ejemplo, si la actividad es comprar el menú de Nochebuena o Nochevieja, no caer en la tentación de comprar otras cosas.

 

  • Reducir el tiempo dedicado a determinadas actividades: Por ejemplo hablar por teléfono, ver la TV, ducharse, etc. Si se consideramos que es excesivo.

 

  • Intentar acabar la actividad comenzada: No hay que saltar de una actividad a otra dejando detrás un montón de actividades parcialmente realizadas. En general, cada actividad requiere más tiempo de este modo, ya que nosotros perdemos tiempo comenzando repetidamente la misma actividad y las actividades inacabadas permanecen en nuestra cabeza y molestan con las presentes.

 

  • Tener cuidado con la dilatación (posponer cosas): ¿Nos distraemos con otras cosas cuando tenemos que hacer ciertas actividades prioritarias? ¿Cuáles son las consecuencias de posponer estas actividades? ¿Estamos aplazando algo porque nos estamos fijando en una norma demasiado elevada? ¿Estamos siendo poco realista acerca de los que podemos hacer?

 

  • Tener cuidado con el perfeccionismo: ¿Dedicamos mucho tiempo a realizar las actividades planeadas porque queremos que sean perfectas? No olvidemos que todo el mundo comete errores, que la mayor perfección lograda no compensa muchas veces el tiempo y esfuerzo invertidos y que el perfeccionismo suele originar problemas en la relación con otras personas. No debemos olvidar que: cada tarea requiere su tiempo pero tampoco hay que estar en algo eternamente

 

  • Revisar el progreso realizado: A mitad del día o al final es bueno que revisemos nuestras prioridades, recordando lo que hemos conseguido y felicitándonos por ello. Revisando también como nos van las cosas al final de períodos más largos como una semana, un mes , un año etc.

 Saludos Del Equipo de Psicólogos del centro de Psicología Díaz García.

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