A tener en cuenta para el curso que comienza y la vida que continúa

EMPIEZA UN NUEVO CURSO Y CONTINÚAN CRECIENDO

Ha pasado el verano y, como cada septiembre, se inicia un nuevo curso escolar. Este año, según parece, unos días antes y un poco más complicado por algunas decisiones de los responsables políticos, la crisis económica, la falta de becas, etc.

Miles y miles de niñas, niños y adolescentes vuelven a la escuela y al Instituto. Algunos será la primera vez que van, o habrán cambiado de etapa (de Educación Infantil a Primaria o a Secundaria), de centro, de profesorado, con nuevos amigos y compañeros…

De alguna manera, un nuevo curso es siempre un sinfín de novedades para el alumnado y para las familias, que tendrán que aprender y aceptar las reglas que conforman las relaciones entre iguales, con el sistema o con el profesorado.

Cómo todos los años, las madres y padres de los más pequeños –normalmente, las madres- estarán muy pendientes de lo que los pasa o les tendría que pasar y van regulando de alguna manera los contactos con los maestros. Si los pequeños van aprendiendo, curso a curso, a ir al colegio, una buena parte de las familias parece que van aprendiendo también a dejar de relacionarse con la escuela y el profesorado, y es una lástima.

Las familias se habrán gastado unos centenares de euros en los libros, cuadernos, libretas y otros complementos y después los hijos e hijas deberán llevarlo, día a día, mañana y tarde, en su correspondiente  mochila que, teóricamente, no debería pesar más del 10% del peso del escolar. Si no han empezado a trabajar con la tablet u ordenador en el Instituto o en el Colegio.

Y pronto vendrán los deberes, aquellas tareas directamente impuestas cada día por el profesorado al alumnado y que son martirio cotidiano para alumnado y su familia, sin que se haya llegado a demostrar en ningún lugar que sirvan para aprender más de lo que se aprende en la clase.

Surgirán los conflictos ala hora de acostarse por la noche y levantarse de la cama a hora, entre semana y sábados y domingos, y habrán debido de controlar las actividades de pantalla -tele, internet, teléfonos, tablets- para que no interfieran demasiado en la vida familiar y escolar. Y quizás todavía quieran jugar, si es que han llegado a aprender y todavía no lo han olvidado.

Con todo este panorama, qué pueden hacer las madres y padres para que hijas e hijos saquen el mayor provecho de los meses del curso que empieza?

DIEZ PUNTOS A TENER EN CUENTA
Dejadme, únicamente que haga algunas propuestas para que las debatan el padre y la madre, a solas o en compañía de otros con los mismos intereses educativos, y las ponen en práctica. O, al menos, que sirvan para iniciar una reflexión personal o como punto inicial de debate.

  1. Hay que ir a la escuela, conocer el tutor o tutora de los hijos y anotar en el calendario o en la agenda del móvil las fechas para reunirse periódicamente, sin esperar a que los maestros llamen cuando hay problemas. Y hablar, también, cuando las cosas van bien y para que vayan mejor.
  2. Tendrían que poner un tiempo máximo para hacer los deberes en casa: entre 20 minutos los más pequeños a hora y media los más mayores. Y si no los hacen, que se las arreglen con el profesorado. Lo mejor sería negociar con el tutor o tutora y acordar que, si no hay deberes, mejor.
  3. Es importante establecer las tareas que deben realizar en casa los hijos o hijas, desde pequeños. Tanto las que son responsabilidad suya (habitación, juguetes, ropa, libros….) como la participación en las que son familiares y exigir que lo hagan.
  4. El padre y la madre tendrían que programarse un tiempo diario para hablar sobre los hijos, cuando los hijos no estén delante. Si no puede ser a diario que sea día-si-día-no un poco más largo. Y que todo lo que les digan o les hagan hacer o no hacer sea siempre en nombre de los dos.
  5. También, cada padre o madre tendría que encontrar unos minutos al díapara hablar, jugar, pasear, hacer trabajos manuales o explorar la internet con cada uno de sus hijos. Y el fin de semana un poco más, a solas y todos juntos.
  6. Se deben facilitar a los pequeños y mayores experiencias interesantes, actividades donde aprendan otras cosas de las que no se aprenden en la escuela: deportes diferentes y alternativos, colecciones, trabajos manuales, ayuda a otras personas…
  7. Deberían plantearse y conseguir limitar el tiempo diario y semanal de actividades con las pantallas y pantallitas. y proporcionarles actividades de aire libre y de relación con otras personas, en directo, sin trampas ni excusas.
  8. Haría falta no dejarles pasar ninguna conducta negativa sin que se dan cuenta de que se han comportado incorrectamente, y que lo que hacen mal les llegue a costar algo. Y, también, reconocerles cuando hacen las cosas bien hechas.. Por eso, deben tener claro qué se espera de ellos, y poder negociar como y cuándo.
  9. Deben estar atentos en no darles enseguida todo lo que piden; que les cuesto esfuerzo y tiempo ganarse las cosas. Con el esfuerzo les darán valor y con el tiempo aprenderán a esperar, uno de los mejores aprendizajes de la vida. Porque, aunque vayamos en contra de lo que predican las pantallas, no puede ser ni tenerlo todo ni ni tenerlo ahora mismo.
  10. Y hay que hacerles ver que son personas importantes para la familia,para el padre y la madre, los hermanos, abuelos y demás familia extensa, y propiciar unas relaciones familiares que les ayudarán a encontrar su lugar en la vida.

 

CRECER Y HACER CRECER

Si la madre y el padre tienen en cuenta estos puntos y toman la costumbre de ir poniéndolos en práctica desde que los hijos e hijas son pequeños, habrá muchas posibilidades de que tengan unos comportamientos adecuados cuando vayan creciente. También pueden ir lográndolos si no los han puesto en práctica desde el principio; todo es darse cuenta, tomar conciencia y ponerse a la tarea.

Se necesita tiempo y dedicación, pero esto es ser padre y madre, dedicarse desde que los hijos e hijas nacen hasta que puedan ser autónomos y responsables de ellos mismos e independientes en la vida. Esto es crecer, y hacer crecer.

 

Eduard Hervàs
Psicólogo Clínico

@psicofamilia