El infeliz camino de la autoexigencia

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La exigencia con uno mismo/a es dolorosa aunque sutil y engañosa. Se disfraza a veces de disciplina, de esfuerzo, de “sólo sé que si no me presiono no llegaré a nada”, de “¡tengo que hacerlo bien!” o “¡no me sirve un 8, yo quiero un 10!” o incluso también, “¡no me importa que estés cansado/a, eres un pusilánime,  venga, que no me sirves si no consigues todo esto!”.

¿Cómo saber si soy exigente conmigo mismo/a?

Fácilmente. Observa tu comportamiento hacia tus seres queridos cuando están sufriendo:

¿Eres comprensivo/a? ¿pierdes la paciencia? ¿le presionas para que se esfuerce o le das aliento y palabras y gestos amables? ¿te molesta su sufrimiento o que no sepa cómo salir de su situación?

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Todo esto son preguntas dolorosas para el que desea ser honesto/a consigo mismo/a. Ya que si estás leyendo esto probablemente ya tienes suficiente valentía y autoconocimiento para haber descubierto que tienes un problema de autoexigencia. Pero estás en el buen camino, ya que el primer paso para solucionar un problema es darte cuenta de que lo tienes. Parece obvio, pero casi nunca nos damos cuenta de nuestros defectos y de nuestros problemas. Nos cuesta identificar en lo que fallamos. Por eso necesitamos acudir a psicoterapia. Por esta razón, si te preocupa tu crecimiento personal y crees que tu autoexigencia te hace sufrir, es un gran propósito desear cambiarlo (ya no por ti, sino por los demás, a los cuales hace sufrir, como veremos más adelante).

De forma similar a los problemas de salud médicos, los problemas de salud psicológicos deberían ser tenidos incluso más en cuenta que los primeros (aunque claro está en los primeros el dolor físico es mucho más evidente y más fácil de percibir y localizar). Así como la amigdalitis o la apendicitis nos hace sufrir a nivel físico, la exigiencitis, la negativitis o el perfeccionitis imposibilita nuestro bienestar, y por consiguiente, el de nuestro entorno cercano (influimos los demás a diario, aunque no reparemos en ello).

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La autoexigencia se manifiesta…..

Si no puedes tolerar un error, y un error tuyo te hace perder la confianza en ti mismo/a

Si cuando necesitas apoyo u orientación acudes a tus seres queridos para obtenerlo

Si te conmueves cuando te dicen que puedes relajarte o te lo dices tu mismo/a alguna vez

Si cuando ves a alguien sufrir te debates entre apoyarle y ser amable y entre tu percepción de algo así como “me irrita que no hace todo lo que puede

Si cuando alguien comete un error experimentas “vergüenza ajena”

Si sólo admiras a los triunfadores y el éxito y no valoras tanto a los que transitan el camino y se están esforzando

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Todo esto son manifestaciones de una actitud de exigencia con uno/a mismo/a en la que no te está permitido equivocarte (eso se percibirá por ejemplo si te alteras cuando se te “cala” el vehículo, cuando te equivocas en una palabra al hablar, si no realizas una buena ejecución cuando vas a ser evaluado/a, cuando no te permites mostrar tus preferencias por miedo a ser juzgado/a, cuando no sientes que llegues nunca a la altura de cumplir tus propósitos….etc). Hay diversos ejemplos, y como te habrás percatado, intervienen también el perfeccionismo y la baja autoestima.

Los tres hermanos

El Perfeccionismo, la Baja Autoestima y la Autoexigencia son tres hermanos, visten colores grisáceos y cohabitan en tu cabeza. Les gusta darte su opinión extrema y radical. Muy a menudo fallan en sus predicciones (anticipando un rechazo donde había un buen feeling y simpatía, por ejemplo). Gobiernan el Senado de tu raciocinio si tú les permites su voz y voto. Su liderazgo es autoritario y corrompen a los miembros del Senado que intenten dar una visión más positiva y agradable de tus actuaciones.

Para no prestar atención, para no creer su hiriente corriente tóxica de pensamientos que te imponen hay que realizar un proceso de “desintoxicación”.

En primer lugar, soy consciente que esta tríada de infelices facetas de mi mismo/a está obnubilando mi persona, volviéndome intolerante con los demás y haciéndome sangrar con oleadas de impotencia, frustración y decepción hacia mí.

En segundo lugar, busco una solución. ¿Cómo puedo permitir voz y voto a una faceta de mí mismo/a que esté más equilibrado/a para gobernar mi cabeza? Esta voz es democrática: escucha la voz de todos los miembros del senado (incluso de los tres hermanos) pero es ecuánime (no toma partido por unos u otros), decide lo más favorable, positivo y ajustado a la realidad (“esto no lo he hecho bien, no soy perfecto, procuraré mejorarlo porque sé que puedo”, “no tengo que gustar a todo el mundo, sólo sentirme bien conmigo”, etc, etc ,etc ).

En definitiva,

el insight, el darse cuenta de cómo nos tratamos a nosotros mismos y a los demás corre a cuenta de la sabiduría de cada uno. Pero cuando lo percibes, alégrate porque te estás ofreciendo a ti mismo/a la posibilidad de cambiarlo.

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