Cómo manejar emociones difíciles

Podemos dar una salida constructiva a las emociones que normalmente nos resultan difíciles de manejar, aprovechando su energía, para movilizar recursos que solventen situaciones y satisfagan demandas.

La palabra emoción viene del latín emotîo que significa “movimiento o impulso”, ”aquello que se mueve hacia”. Queda pues bien reflejado en la etimología de la palabra el fin de esta manifestación que llamamos emoción, es decir, avisarnos de que algo está pasando que requiere nuestra atención y ponernos en movimiento. Sin embargo, hay un amplio abanico de emociones que nos resultan complicadas de manejar y que, normalmente, lejos de movilizarnos, nos paralizan o nos hacen movernos en una dirección inadecuada. Si nuestro carácter es expresivo, seguramente usemos la energía de la emoción para generar algún tipo de expresión externa inapropiada (insultar, reprochar…) lo cual, resultará destructivo o perjudicial para otras personas y, en última instancia, para nosotros mismos. Si nuestro carácter es más introvertido y contenido, posiblemente nos “traguemos” las emociones difíciles tales como la rabia, el odio etc., envenenando nuestro organismo con las sustancias que éste genera durante la emoción y que, acumuladas en nuestro cuerpo, pueden hacernos somatizar malestar físico e incluso enfermar. Además de estas dos respuestas emocionalmente inmaduras, podemos darle una salida constructiva a las emociones que normalmente nos resultan difíciles de manejar, aprovechando su energía, para movilizar recursos que solventen situaciones y satisfagan demandas. Veamos unos ejemplos:

El Enfado

Respuesta destructiva

Usar la energía del enfado para expresar reproches y comentarios que dañen al otro. Esto generará una respuesta en el otro similar y entonces seré yo el que acabe dañado.

Salida constructiva

–  Nombrar el problema y lo que te está pasando: “me siento frustado y ofendido porque te has olvidado de devolverme mi libro”

– Enfocarse en la solución del problema y en lo que tendría que pasar para que se me pase el enfado.Concentrar la energía que genera la emoción en solucionar la situación: “necesito el libro para esta tarde y quiero que veamos la manera de que me lo puedas traer para antes de esa hora”.

La culpa

La culpa es una voz interior que nos acusa y reprocha algo que hicimos, sentimos o pensamos. Esto se debe a que todos tenemos un conjunto de normas según el cual regimos nuestra conducta. Si hacemos algo que traspase los límites que esta ley interiorizada nos impone, salta la alerta en forma de culpa. Uno de los problemas más importantes de la culpa es que esta voz pueda ser demasiado severa y que con sus juicios no aniquile y mine nuestra libertad de acción y autoestima. También es posible que el número de normas que nos han transmitido y que hemos introyectado sea tan grande que no nos permita espacio para la autoexpresión y la expontaneidad, o que incluso se contradigan entre sí generándonos angustia.

Respuesta destructiva

Autoreproche y juicio constante que no permite el placer o el disfrute y que no aporta soluciones.

Salida constructiva

– Escucha consciente sobre el reproche que la voz de la culpa nos hace y escrutar si su carácter es razonable o injustificado.

– Tratar de poner en marcha alguna acción que sea constructiva para la situación de la que nos sentimos culpables.“Me voy de vacaciones a pesar de que un familiar está enfermo, en lugar de martirizarme todo viaje, busco la manera de comunicarme por teléfono”.